- Se dio todo rápido. Llegaste a la Selección y en tres años ganaste la Copa del Mundo con apenas 20 años. ¿Cómo fue la gestión emocional de todo eso?
Yo creo que tuve dos grandes ejes. El principal fue la contención de mi familia. El acompañamiento de mis viejos fue importante. Me daban un equilibrio que uno cuando tiene 19 o 20 años no reflexiona. Vas sobre esa idea de querer imponerte y hacés menos atención a esas situaciones.
Evidentemente, hoy viéndolo desde otro lado, razono y veo que la familia para un jugador es lo más importante. Un eje que te da un equilibrio, una serenidad, una visión diferente. Finalmente, en lo emocional, fue muy importante.
El segundo punto fue mi crecimiento en Mónaco. El terminar mi formación. En esa época, lo grupal era importante. El diálogo era mucho más abierto. Mis compañeros, no solo en los entrenamientos, querían que mi adaptación sea más simple, con el idioma, con esa cercanía de saber que yo venía de otra cultura...
Entonces, era aprender, escuchar... Mónaco me dio esa posibilidad de crecer. Es un club con mucha ambición, pero no deja de ser un club atípico con respecto a esa situación. El Principado de Mónaco vive su día a día muy diferente. El fútbol, en consecuencia, te da una tranquilidad que no se da en otros clubes.
Entonces, crecí entre esos dos equilibrios muy buenos. Por eso, no me costó lo otro. Dicho y hecho, después de ganar el Mundial 98, volver a Mónaco mentalmente te produce un cambio, porque volvés a una normalidad. Mónaco fue un club con capacidad de 5000 o 10000 espectadores, entonces te quita esa adrenalina del Mundial. Pero yo sentía la necesidad de completar mi formación.
Cuando yo formó parte de la lista del 98, venía de un campeonato muy bueno mío. Fueron 6 meses donde fui goleador detrás (Stéphane) Guivarc'h, con 18 goles en 6 meses... Entonces, yo sentía que tenía que terminar mi formación propia. Por eso, me quedé dos años más en Mónaco y fui titular fijo. Después, se sumó lo de la Eurocopa.
En el 98, Francia venía de una situación futbolística mala, con una eliminación previa en el 94 que fue muy cuestionada, donde renunciaron jugadores y el técnico. Una Eurocopa en el 96 que también fue mala. No había un clima muy bueno.
Y en el medio, había un recambio generacional, donde el entrenador (Aimé) Jacquet llama a 4 o 5 jugadores de 18 o 21 años... No existía eso en Europa, porque si vos querías jugar en la selección tenías que ser titular y goleador. Empezaba ese cambio de empezar a darle prioridad a lo grupal, aparte de lo futbolístico.
Entonces, en esa camada, nunca sentimos esa presión de los que habían participado en camadas anteriores no tan positivas. Y bueno, también fue la fuerza del pensamiento de jugar al fútbol y no enfocarnos en otras situaciones.
- ¿Qué podés decirnos sobre Zinédine Zidane y su influencia en el vestuario? ¿Cómo era en el rol de líder?
Como toda selección nacional, con la ambición de obtener títulos, siempre se va en la búsqueda de un referente. Es como que se necesita esa imagen, esa clase de jugador. Francia estaba en la búsqueda de reemplazar futbolísticamente y emotivamente a Michel Platini.
Por características, por situación y también por un valor cultural, porque 'Zizou' no deja de ser un jugador con descendencia argelina. Francia, en esa época, el ámbito social estaba muy disputado, te diría... Había cierta confrontación.
Y bueno, Francia se enfocó mucho en este jugador porque, aparte de su técnica y calidad, también representaba la unificación en el ámbito social. Era consciente que iba a ser protagonista y el eje de esta generación, con un apoyo muy importante de los jugadores de experiencia, que eran la columna de base.
Creo que todos nos concentramos en la final, porque termina siendo decisivo, pero durante la competición, con un excelente primer partido y luego la expulsión contra Arabia Saudita, no juega el tercer partido, ni octavos de final.
Pero cuando vuelve en cuartos de final, contra Italia, el clásico para nosotros, el equipo sienta esa confianza de tener a ese jugador emblemático.
Un tipo que, dentro del vestuario, su diálogo siempre fue lo justo y necesario. 'Zizou' siempre tuvo un perfil muy neutro, te diría... Había jugadores de más experiencia que quizás uno escuchaba, pero él, todo lo que no tenía como diálogo, lo hacía en el campo de juego.
La fuerza de los grandes equipo, de las grandes naciones que terminan siendo campeonas del mundo, es una mezcla de esas situaciones. Hay líderes y líderes. Yo después lo pude aprovechar un año más porque firma en Juventus. Ahí realmente logré vivirlo en el cotidiano. Qué se necesita para ser el mejor, más allá de lo técnico, de lo que es propio.
Aprovechaba para ver cómo se entrenaba, cómo era su disciplina... Copiar ciertas cosas, con otras características, para ser el mejor... Cuando ves a estos tipos, para ser el mejor, hay ciertas situaciones diferentes.
Existe la calidad propia, pero ellos siempre están probando a superar eso... Por eso, para mí, fue un referente único.
- ¿Qué significó la Eurocopa 2000 para tu carrera profesional?
Para mí, fue una competición diferente y, en lo personal, más difícil. Me esperaba poder participar más en esta Eurocopa, porque venía de dos años buenos en el Mónaco, pero por decisión técnica me tocó vivirla más entre los suplentes.
Pero yo creo fuertemente en la fuerza de lo que es lo grupal. En lo mío personal, finalmente, fue así. En pocos minutos, este gol termina siendo el más referente para mí en lo personal y en lo histórico. Porque es el gol que le da el título a Francia y la posibilidad de ser la primera nación en ser campeona del mundo y de Europa.
Cómo la vida de un jugador puede cambiar en segundos, ¿no? Entonces, la idea de entrenarse con continuidad, de apoyar al equipo titular, de estar disponible... Con una ideología positiva de decir: 'Cuando me toque, tengo que aportar'. Fue lo que terminó aconteciendo. (Sylvain) Wiltord vivió lo mismo que yo. Los dos terminamos siendo decisivos.
La Eurocopa era un objetivo claro: confirmar lo que se había realizado en el 98. Un equipo muy sólido, ganador, protagonista. Incluso, el partido con más dificultad fue esa final contra Italia, que nos complicó física y tácticamente.
No fue un buen partido. Gol de (Marco) Delvecchio. Pero tuvimos la inteligencia de jugar de cierta manera y al final pudimos empatar con un gol de tres toques, que prácticamente resumía lo que intentábamos hacer, que era el dominio total, ¿no?
Y después, bueno... Pude culminar una gran acción de Robert Pires. Más allá de todo, es un gol fantástico por el gesto, por lo que representaba... Más allá de la importancia, tuve la suerte de intercambiar con Francesco Toldo, el arquero, y que me diga que fue un gol increíble.
- ¿Te cambió la vida ese Gol de Oro?
A esa edad, no... Fue un gol importante porque fue histórico. El tema fue después, porque en el 2000, en la semifinal contra Portugal, firmó mi contrato con Juventus. Pasé de esa protección que me daba Mónaco o Francia, donde es un campeonato menos vistoso que el italiano, a la Juventus...
En la pretemporada, nos entrenábamos con 10000 personas. De 30 jugadores, 25 eran internacionales. Otro idioma. Nadie te regalaba nada. Y yo llegaba con esa marca de haber hecho ese gol contra Italia. Yo tenía de compañeros a 5 o 6 jugadores de esa selección italiana.
Entonces, cuando llegué, el público no fue muy positivo hacia mí en las primeras épocas. Y yo tenía que revertirlo. La fuerza propia o mental hizo que pudiera imponerme, con el tiempo, en un equipo donde delanteros como (Alessandro) Del Piero o (Filippo) Inzaghi. Eran estrellas y referentes.
Con Carlo Ancelotti, de a poco, pude encontrar mi lugar y ese año me pude imponer. Después, con la llegada de Marcelo Lippi, arranqué con mi carrera importante en el club a partir de 2002, más o menos.
- El penal errado en la final del Mundial 2006: ¿Cómo pudiste gestionar la frustración y salir adelante en ese momento?
Yo siempre fui muy fanático de las estadísticas. En Italia, el jugador extranjero siempre logró imponerse durante el primer año. El segundo es más difícil porque ya te conocían los rivales.
Crecí con esa proyección. Tuve un buen primer año, pero mi consagración fue en mi segundo año, donde salí goleador del campeonato. Ahí sentí el respeto del jugador italiano, del fútbol italiano en sí. Esto me ayudó a saber que, en los momentos de dificultad, lo bueno viene después.
En el 2006, perdemos la final contra Italia. El único penal errado fue el mío. Yo tomo la decisión compleja de quedarme en Juventus tras el descenso por una cuestión burocrática. Era empezar de cero.
Yo sabía que existía lo deportivo, pero también la complejidad de lo emocional por parte del italiano hacia mí. Era como una especie de cargada en cada campo donde iba. Pero eso me hizo más fuerte todavía.
Me pude imponer. Hoy, el reconocimiento más grande que tengo en Italia es haberme quedado en Juventus jugando la Serie B y el reconocimiento de haber impuesto mi juego en Italia. El hincha de Juventus tiene un estima importante hacia mí. Y al mismo tiempo, el reconocimiento del resto de Italia hacia lo mío.
Yo siempre digo que el jugador importante se ve en el momento de dificultad y no cuando todo va bien. Y es lo que, en cierto modo, logré... Porque con Juventus subimos a Primera División y, en esa vuelta, terminé como segundo goleador. Había fortaleza mental.
Pero sí te tengo que reconocer que sufrí la fortaleza mental cuando me fui de la Juventus, porque cuando estás en la élite, te tenés que quedar en la élite. Cuando cambiás de club, cambia el discurso, cambia la mentalidad, cambian los objetivos...
- ¿Y qué se quebró cuando te fuiste de Juventus?
Cuando me tuve que ir, era una necesidad de ambos. Yo había cumplido todos mis objetivos. Mi último objetivo personal era superar a Omar Sívori como máximo goledaor de Juventus, y así fue ese año... Y creo que los cambios son necesarios.
Yo creía que el jugador no se tenía que quedar 2 o 3 años. Yo ya tenía 10 años... Sentía la necesidad de dar un paso al costado en lo personal. Y el club tenía que dejar ir a ciertos jugadores porque era el momento de cambios.
En lo personal, uno quizás lo vive mal cuando le dicen que se tiene que ir, pero lo más importante es cuando te lo dicen en la cara. No nos tenemos que olvidar que vivimos esa parte egocéntrica, que se va haciendo en automático, porque entrenás con los mejores, porque querés ganar siempre... Eso alimenta la parte interna.
Entonces, cuando están estos cambios, tenés ese primer choque cuando te dicen que te tenés que ir. Y después, ves a dónde vas y te das cuenta que es otra cosa, otra situación, otro mundo... Entonces, siempre trato de que, cuando uno está en la élite, se quede el mayor tiempo posible porque cuando hay cambios, no hay vuelta atrás.
Yo tuve la posibilidad, porque me lo gané. A la suerte hay que ir a buscarla. Yo era un apasionado de las estadísticas, era de quedarme horas en los entrenamientos pateando de derecha, de izquierda... Hay un trabajo que es satisfacción, placer propio de quedarme solo practicando la definición.
- ¿Cómo ves a Francia para el Mundial que se viene?
A esta camada la veo como la gran favorita. Francia llega con la victoria de Rusia, la derrota de Qatar y la voluntad de centrar el objetivo. El objetivo es ganar. Terminar segundo será algo negativo.
Se suma que Francia, en su generación actual y las anteriores, cuenta con jugadores que juegan en los mejores equipos. Bayern Múnich, Real Madrid, Barcelona, PSG... Vivís el cotidiano que es ganar o, al menos, saber que el objetivo único es ganar.
Esto se transmite a nivel selección. La línea ya está marcada. Entonces, Francia tiene el objetivo claro de ganar. Los amistosos contra Brasil y contra Colombia le dieron la validez de saber cómo enfrentarse a los equipos sudamericanos, que siempre te complican. Y bueno, creo que está todo dado.
El entrenador es exitoso. Es el único seleccionador que ha estado el mayor tiempo en mundiales. Y como todo culmina, este será su último mundial. Y como ha sido su carrera, como jugador y como entrenador, quiere ganar este último título. Entonces, Francia es candidata importante por individualidades, por el colectivo y por la ambición propia.
- ¿Cómo ves a Mbappé en el rol de líder?
Es un jugador que se expresa más. Es un jugador que tiene un contexto mucho más abierto en el diálogo que lo que tenía Zidane, que era un líder dentro del campo.
No conozco el interno de esta selección nacional. No sé si Mbappé tiene que cumplir los dos roles, dentro del campo y fuera.
Yo pienso que hay una jerarquía muy importante. Francia no deja de ser una selección joven. Existe esa comparación con España, que no cuenta con la experiencia que tiene Francia, pero sí tiene la calidad de jugadores.
Pero Mbappé ha demostrado ser una máquina. Es el sucesor de Cristiano Ronaldo y (Lionel) Messi porque, con 25 o 26 años, lo que ha hecho es tremendo, más allá de que pueda gustar o no su forma dentro o fuera del campo. Es lo que transmite...
Igualmente, creo que hay que encontrar un equilibrio sobre las palabras, sobre los gestos, porque esto no deja de ser un grupo. Pero yo creo que Francia, con un jugador de ese calibre, tiene la tranquilidad de decir: 'Estamos bien'. Creo que eso es importante.
- ¿Qué otras selecciones ves como candidatas en este Mundial?
Yo creo que los ganadores de la Copa del Mundo no se pueden esconder sobre su historia. Argentina, Francia, Brasil, Alemania, España... Un outsider sería Portugal, que tiene buenos jugadores. Lo veo bien, tiene individualides interesantes. Como Vitinha o Joao Neves que son el equilibrio de PSG.
Está Países Bajos, está Bélgica... No nos podemos olvidar de los ingleses. Pero son naciones que, por un motivo o por otro, en el momento crucial, no han podido ganar esos partidos que no solo se ganan por cuestiones técnicas. El Mundial no es solo lo técnico. Es una variable de situaciones, de gestionar los partidos...
Por eso, creo que Argentina en el Mundial 2022, con menos nombres que Francia, que estaba acostumbrada más a ganar, supo gestionar los partidos. Y eso es la inteligencia de un grupo también. Por eso, también se gana con la viveza, la personalidad, el temple...
- ¿Te imaginás una nueva final entre Argentina y Francia?
Todo se puede dar. Creo que tienen las características y la ambición de ganar la Copa del Mundo. Por eso, creo que puede ser una posibilidad concreta.
- ¿Una reflexión sobre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo? ¿Qué opinión tenés sobre ellos?
Ante todo, creo que son dos ejemplos de naturalezas propias y únicas. Creo que dejarán la vara muy alta. Y yo creo que la vara alta es buena. Y hay jugadores que los quieren superar. Eso es lo bueno del fútbol.
Esta nueva camada, con Mbappé, Haaland o Lamine Yamal, que te dan esa pauta de que son diferentes y tienen objetivos de ganar en continuación, siempre tiene como ejemplo a Cristiano Ronaldo o Messi.
Yo tengo una cierta debilidad por Lionel. Por ese combo de jugador... Por el que pagás una entrada o un ticket para ir a verlo. Es el diferente.
Cristiano es un prototipo europeo, un tipo ejemplar. Lo pude vivir en el cotidiano siendo embajador de Juventus durante tres años. En ese tiempo, pasó los 100 goles.
Un tipo profesional al 100%, que llegaba al entrenamiento antes que el resto y se iba después que el resto. El profesionalismo total que un jugador debería tener. Difícil porque la verdad que vive para el fútbol y su entorno se adapta a sus necesidades.
Messi es un jugador mucho más natural, del pueblo... Su profesionalidad evidentemente es ejemplar. Son tipos que superaron los 40 años y siguen vigentes.
Uno realizó su sueño, que es ganar una Copa del Mundo... El otro va en la búsqueda. En lo personal, quieren más porque saben que es su última competición.
Tenemos que aprovechar este Mundial porque va a ser la culminación de estos dos jugadores, de Neymar... Y se sumará la nueva camada. Este Mundial reúne el recambio de generaciones y el espectáculo puro de lo que representa.