Julián Álvarez:
"Ni tatuajes, ni cigarrillos, ni alcohol"
Julián Álvarez se sincera en una entrevista con France Football: sus inicios como futbolista, los secretos de su personalidad, su futuro en el Atlético de Madrid y mucho más. Una charla a corazón abierto.
En una entrevista exclusiva con France Football, Julián Álvarez revela cómo el esfuerzo y la cultura de trabajo inculcados por sus padres en su Calchín natal forjaron su mentalidad ganadora.
Además, el delantero repasa su formación y cuenta los secretos detrás de un extraordinario palmarés que ya incluye el Mundial, la Copa América, la Champions League, la Copa Libertadores y la Premier League.
Álvarez analiza su presente en el Atlético de Madrid, reflexiona sobre su futuro y expone los contrastes de su personalidad, entre el joven tranquilo y de perfil bajo en su vida cotidiana, y el delantero insaciable que brilla con la Selección Argentina.
Sus inicios en el fútbol
- Usted creció en Calchín, un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba, donde la mayoría de los habitantes son agricultores. ¿Qué posibilidades tiene un chico de allí de convertirse en futbolista profesional?
En un pueblo de 3000 habitantes, las posibilidades son muy reducidas. En el pasado, otros dos jugadores nacidos en Calchín llegaron a ser profesionales (en la década de 1980): Germán "Tato" Martellotto, que jugó en Argentina y México, y José Luis "Chivo" Rolfo. En general, las oportunidades son escasas cuando vienes de un lugar tan apartado. A pesar de todo, me descubrieron y, a partir de ahí, se abrieron otras puertas.
- ¿Qué papel jugó su educación en su carrera?
Desde el principio, mi familia me inculcó valores sólidos: la implicación, el trabajo, el esfuerzo que hay que hacer para conseguir lo que uno quiere. Veía lo que hacían mis padres cada día en su trabajo y eso me marcó. Mi madre es profesora y mi padre trabajaba en el campo, antes de hacerse camionero. Siempre estuvo ligado a la tierra. Mi madre nos cuidaba en casa y también pasábamos mucho tiempo con mis hermanos en casa de mi abuela, que fue un pilar fundamental en nuestra educación.
- ¿En qué momento nació su deseo de ser futbolista?
Muy pronto. En el jardín de infancia, cuando tenía 4 o 5 años, en cuanto empecé a escribir. Con mis dos hermanos mayores, nos pasábamos el día jugando al fútbol en la calle, en la placita cerca de casa, y cuando volvíamos, seguíamos en casa. Mi madre nos regañaba porque rompíamos cosas... Nunca imaginé otro futuro. Afortunadamente, pude conseguirlo y estoy muy feliz por ello.
- ¿Ser el menor de tres hermanos fue una ventaja?
Cuando eres el pequeño, los mayores te marcan el camino. Ellos fueron los primeros en hacer travesuras y a menudo los pillaban y los regañaban. Observándolos, aprendí a ser más astuto, intentaba no caer en las mismas trampas. También jugaba con ellos y sus amigos. Obviamente, era duro físicamente. Tuve que aprender a superar esa diferencia de edad y de tamaño.
- Hace unos años, Jorge Griffa, un histórico formador argentino, nos confesó que los chicos del campo reunían las condiciones ideales para un futbolista: menos tentaciones y una excelente higiene de vida...
En parte, sí. Factores como la familia, el entorno y el lugar donde creces tienen su importancia. En comparación con Buenos Aires, una ciudad «loca» y gigantesca, la vida en un pequeño pueblo de provincia es más tranquila. Crecí en Calchín hasta los 15 años. Todo lo que viví allí representa una gran parte de lo que soy hoy: mi visión de la vida, mi forma de jugar, de darlo siempre todo, con la misma pasión y las mismas ganas que cuando jugaba allí. A los 9 años, Argentinos Juniors me propuso quedarme después de una prueba, pero no me sentía preparado para vivir lejos de mi familia.
- Cuéntenos sobre su primera prueba en Buenos Aires
Es una de esas cosas que nunca se olvidan. Era la primera vez que hacía un viaje tan largo (a 600 km de Calchín). Tenía 9 años y fui a hacer una prueba a Argentinos Juniors (el club que formó a Diego Maradona y Juan Román Riquelme), con otros dos chicos y un acompañante. Sinceramente, no viví muy bien esa semana de prueba. Era muy joven, acostumbrado a vivir en un entorno familiar, a tratar con gente que conocía de toda la vida... Y aquello era un poco una locura. El club me propuso quedarme, pero no me sentía preparado para vivir lejos de mi familia. Alguien me advirtió entonces: "El tren solo pasa una vez", sobre todo cuando vienes de un pueblo tan pequeño. Por dentro, me dije: "Ya veremos". Hice otras pruebas, en River Plate, en Boca Juniors, en Banfield, en Belgrano... Pero seguía sin estar preparado.
Le dije a mi padre que si llamaban para ofrecerme nuevas pruebas no iría, porque sabía que no me iba a quedar en la pensión en Buenos Aires. Cuando cumplí 15 años, me dije que era hora de dar el salto, porque, si no, sería demasiado tarde. Era el máximo goleador de la Liga regional, pero sabía que si quería ser profesional, tenía que empezar a competir en las categorías inferiores de un gran club. Elegí River porque era hincha. Pasé la prueba y me quedé allí, a partir de enero de 2016.
- También hizo una prueba en el Real Madrid, ¿no?
Sí, tuve la oportunidad de ir a Madrid cuando tenía 11 años. Mi padre me acompañó a España durante unos veinte días. Hice algunos entrenamientos con el Real y luego jugué un torneo en Peralada (cerca de Gerona) que ganamos. Pero para que me quedara, toda mi familia habría tenido que mudarse conmigo. Fue una gran experiencia, pero todavía era demasiado pronto para mí.
- Mide 1,70 m, algo poco común para un delantero centro. ¿Alguna vez le hicieron comentarios insinuando que su altura sería un obstáculo para ser profesional?
Recuerdo muy bien mi primera prueba en River. Me preguntaron mi año de nacimiento y mi posición. Respondí: “2000, número 9”. Me replicaron: “¿Número 9? El número 9 de tu categoría es él”, y me señalaron a un chico gigante. Pero no sentí ningún miedo, porque conocía mis cualidades. Podía jugar de 9, un poco más atrás, por la derecha, por la izquierda y adaptarme. Nunca fue un problema.
Julián Álvarez, ¿el talismán de la Selección Argentina?
- Con River, ya en 2018, gana la Copa Libertadores. En 2021, gana la Copa América, la primera de Argentina en veintiocho años. Al año siguiente, la Copa del Mundo, esperada desde hacía treinta y seis años. ¿Es usted una especie de talismán?
La gente dice eso porque todo me ha pasado muy rápido. Enseguida gané títulos con River, luego con la selección. Después vino el (Manchester) City, con el triplete en mi debut en Inglaterra, y la primera Liga de Campeones para el club (en 2023). Pero no me veo como un talismán: se trata de estar en el lugar correcto, en el momento adecuado y, sobre todo, de estar preparado. Sin duda hay una parte de suerte, pero se debe principalmente al trabajo, a la perseverancia y a la capacidad de aprovechar las oportunidades.
- En la Copa del Mundo de 2022, en el tercer partido, se convierte en titular en lugar de Lautaro Martínez. Marca cuatro goles, incluido un doblete en semifinales contra Croacia (3-0). ¿Cómo explica este éxito inmediato?
Sinceramente, no lo sé. Algunos consideraron mi fichaje por el Manchester City, en julio, cuatro meses antes del Mundial, como una apuesta. Para mí, era esencial poder medirme a diario con jugadores de ese calibre. Eso me permitió volver a la selección con la sensación de que era capaz de rendir a nivel internacional. Esos pocos meses en el City, jugando y marcando goles, me dieron mucha confianza.
- En su biografía, Lionel Scaloni, el seleccionador de Argentina, dice, refiriéndose a usted, pero también a Alexis Mac Allister y Enzo Fernández, que jugaron ese Mundial sin medir la magnitud del desafío, con una cierta dosis de inconsciencia.
Es un poco así. Al principio, ni siquiera estábamos seguros de estar entre los 26. Lo que me motivaba a diario con el grupo era dar el máximo para intentar formar parte del equipo y, poco a poco, ir sumando minutos. Para un delantero, ¡marcar en un Mundial es lo máximo! No pensé demasiado en todo eso. Escuché lo que me dijo Scaloni, intenté jugar «normal», como sé hacerlo, quizás sin darme cuenta del contexto, como él dice, tratando de cumplir mi sueño. Luego, en un momento, reflexionas un minuto y te das cuenta de que estás jugando una semifinal de la Copa del Mundo.
- Scaloni cuenta que, durante las celebraciones del título, usted bromeaba haciéndole creer que el helicóptero se iba a caer, sabiendo que él tiene miedo a volar. Y que él le respondió: "Ah, ¿ahora hablas?". ¿Cuál es su versión?
No llevaba mucho tiempo en la Selección y soy así: natural, muy tranquilo, tímido al principio. Es mi personalidad. Este grupo es formidable. Desde el primer día, me hicieron sentir parte del equipo, eso me ayudó a integrarme, a estar cómodo enseguida. Después, cuando me siento en confianza, me relajo. En ese momento en el helicóptero, llevábamos tres días celebrando el título y nos pusimos a bromear con el entrenador.
La personalidad de Julián Álvarez, al detalle
- Muchos jugadores llevan tatuajes, les gusta salir. Usted, en cambio, es muy familiar y hogareño. ¿Qué tipo de persona es?
El otro día en la selección, alguien me hizo notar que era el único jugador sin tatuajes. No lo hago por ser diferente. Cuando era joven, mi padre nos decía: "Ni tatuajes, ni cigarrillos, ni alcohol". De adulto, cada uno decide, pero no siento la necesidad. Efectivamente, soy tranquilo, me gusta pasar tiempo en casa con mis seres queridos. Ahí es donde me siento más feliz.
- Para muchos, el arquetipo del argentino es Diego Maradona o el 'Dibu' Martínez: fanfarrón, provocador... Pero también hay perfiles como Lionel Messi o Ángel Di María, más tranquilos. ¿Usted es más de ese grupo?
Es posible. En un grupo, tiene que haber de todo: están los que van al frente para hablar y defender al equipo, y otros que prefieren calmar las aguas. Es bueno tener esos distintos perfiles en el vestuario y en el campo. Con Argentina, gozamos de ese buen equilibrio.
- ¿Cree que su carácter ha podido o puede perjudicarle en el mundo del fútbol, donde la imagen es tan importante?
No lo creo. Me muestro tal como soy, no intento vender otra cosa. Al final, creo que hoy en día, en un mundo con todas estas redes que muestran tantas cosas, el hecho de ser natural es lo que más gusta.
- Sin embargo, en el campo se transforma en un jugador insaciable. ¿Existen dos Julián Álvarez?
Quizás. En el día a día soy tranquilo, pero en el campo... Desde que llegué a River, me pidieron que presionara, que recuperara rápido y que jugara con esa intensidad. Con Marcelo Gallardo, en el primer equipo, fue igual. Creo que siempre lo he tenido dentro de mí.
- Sandra Rossi, una especialista en neurociencia que trabajaba con River Plate, contó que usted era el número uno en todas las pruebas que realizaba: velocidad, visión periférica... Y cuando un compañero le superaba, volvía a intentarlo para ponerse por delante. ¿A qué se debe esa obsesión?
Sandra es una genia. Todavía hablamos a menudo. Me ayudó durante mi primer año en el primer equipo de River. Pasaba mucho tiempo en su departamento: siempre encontraba cosas que mejorar y sus ejercicios lúdicos me gustaban. Me encanta la competición, así que rivalizaba constantemente con los demás para mejorar.
- Scaloni también dice que usted vuelve locos a los rivales con su presión. ¿Qué opina de eso?
A veces oigo eso. He tenido la oportunidad de jugar en diferentes posiciones, de desarrollar múltiples cualidades. Creo que para un entrenador y para el equipo, tener un jugador que puede adaptarse a distintos sistemas es útil. Antes de un partido del Mundial, el ‘Dibu’ (Martínez) me dijo: “Julián, tú eres nuestro primer defensor, tienes que transmitir ese espíritu al equipo con la presión”. Para mí, es importante ayudar al equipo. Somos once y yo soy la primera barrera.
- A sus 25 años, ya ha ganado todas las grandes competiciones: Mundial, Copa América, Champions League, Premier League... ¿Qué título le ilusiona más ahora?
Deportivamente hablando, aspiro a volver a ganar los títulos que ya he ganado. Quiero hacerlo de nuevo, porque lo que se siente al ganarlos, toda esa felicidad compartida con mis compañeros, es incomparable.
Julián Álvarez y su experiencia en Manchester City
- Cuando llegó al City con 22 años, por primera vez lejos de Argentina, ¿qué fue lo más difícil?
Me adapté bastante rápido y bien. Desde los primeros entrenamientos, me entregué al 200 %. Antes de llegar, tenía esa duda: "¿Estaré a la altura?". Al final, me sentí muy cómodo desde el principio y el grupo me ayudó mucho. Desde mi primer partido, marqué el empate saliendo desde el banquillo contra el Liverpool (1-3, en la Community Shield 2022). Eso facilitó las cosas.
- Llegó al mismo tiempo que Haaland, en el verano de 2022. Muchos decían que no jugaría, pero fue ganando minutos. ¿Cómo lo consiguió?
Erling venía del Dortmund, donde había marcado una barbaridad de goles. Yo llegaba de Argentina y era poco conocido. Pero, poco a poco, me fui haciendo mi sitio. Pasamos bastante tiempo juntos en el campo, marcamos muchos goles. La primera temporada, terminé como segundo máximo goleador del equipo (17 goles en 48 apariciones), el año del triplete. No es poca cosa. Aunque no jugué tanto como me hubiera gustado. La temporada siguiente, tuve muchos más minutos, a veces en una posición más retrasada, y también me sentí muy cómodo.
- En dos temporadas con la camiseta del Manchester City, marcó 36 goles en 6.007 minutos, lo que equivale a un gol cada 166 minutos. Si sumamos sus asistencias, fue decisivo cada 109 minutos.
Me sentí valorado y, más allá de lo que la gente ve, lo que cuenta es cómo me siento yo. Tuve bastantes minutos de juego, aunque no siempre fuera así en los partidos decisivos. A menudo entraba durante el transcurso del partido.
- ¿Fue eso lo que le impulsó a marcharse?
Sí. Recibí llamadas de varios clubes. Elegí venir al Atlético porque sentía que aquí podía ganarme un puesto y dar la mejor versión de mí mismo, gracias al espacio que se me ofrecía.
El Atlético de Madrid y su futuro
- El Atlético de Madrid es un club que no parte como favorito. No es ni el Real Madrid ni el Barça, pero siempre lucha por alterar el orden establecido. ¿Eso fue lo que le atrajo?
Sí, la mentalidad en el Atlético es clara. Es uno de los pocos clubes que se ha clasificado para la Liga de Campeones cada año durante los últimos trece años. En LaLiga, se enfrenta a dos gigantes, pero siempre está ahí. Ha podido ganar títulos en los últimos años (el más reciente, LaLiga en 2021). El club sigue creciendo, podemos hacer grandes cosas juntos.
- ¿Cuál es su relación con Diego Simeone?
Compartimos la misma visión del fútbol: la pasión, el trabajo, la dedicación, esas ganas de luchar contra dos clubes inmensos, de no rendirse nunca, de creer siempre. En el campo, confía en mí y me da total libertad: nuestra relación es muy positiva.
- ¿Y Antoine Griezmann, que ya es un veterano? ¿Qué aprende a su lado?
Tengo una relación excelente con Antoine. Es una persona formidable, muy divertida, siempre positiva para el grupo. Aunque ya lo conocía, me sorprendió por su calidad. Es una leyenda (máximo goleador de la historia de los Colchoneros, con 201 goles). Cada día intento inspirarme en él y en otros grandes jugadores como él para seguir mejorando.
- Sabemos que el PSG y el Barça, que busca un sucesor para Robert Lewandowski, le siguen de cerca. ¿Se plantea jugar en uno de esos dos clubes en los próximos años?
Sinceramente, no lo sé. Veo lo que se dice en las redes... En España, se habla mucho de mí y del Barcelona. Cuando fiché por el Atlético el año pasado, se habló mucho de París. Es cierto, hubo conversaciones entre los directivos del PSG y mi agente, mostraron interés en ficharme, pero no se concretó. Por el momento, estoy centrado en el Atlético. Haremos balance al final de la temporada.
- En 2023, terminó séptimo en el Ballon d'Or, pero no fue incluido entre los 30 nominados en los dos últimos años. ¿Cómo vivió esa ausencia?
Con mucha calma. Evidentemente, es agradable estar entre los treinta mejores jugadores del mundo y asistir a un evento tan importante. Significa que estás haciendo las cosas bien. Me enorgullece, pero no me preocupa si no estoy entre los treinta nominados, hago lo que me gusta. No necesito elogios para ser feliz. Jugar al fútbol es suficiente para mi felicidad.
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