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Luis Suárez:

Quién fue el 'Arquitecto' que conquistó el Ballon d'Or

24/03/2026
Luis Suárez: Quién fue el 'Arquitecto' que conquistó el Ballon d'Or

El español Luis Suárez, ganador del Ballon d'Or en 1960, fue apodado ‘el Arquitecto’ por Alfredo Di Stéfano. El español poseía una visión de juego y una calidad técnica fuera de lo común. Aquí, un repaso de France Football sobre su brillante carrera.

Hay lugares, en apariencia impersonales, que encogen el corazón al acercarse. Es el caso de la gasolinera de la Piazza Amati, en un barrio del noroeste de Milán, a pocos pasos del majestuoso estadio de San Siro.

Ya sea pasando por delante de este establecimiento con los colores de una conocida marca italiana de carburantes, o entrando en su pequeño bar para tomar un café, Beppe no puede evitar pensar en la sonrisa de su amigo Luis, en sus recuerdos de gloria eterna con el Inter, en sus deliciosas anécdotas y en las apasionadas conversaciones con Evaristo y Maurizio, otros habituales de aquellas citas casi diarias. Y ese reflejo, aunque inútil, de buscar su presencia con la mirada...

Bergomi lo lleva en el corazón

Beppe es Giuseppe Bergomi, conocido como el "Zio" (el tío) desde aquel victorioso Mundial de 1982, por un bigote que, con solo 19 años, le daba aires de veterano. El "Zio" vistió la camiseta del Inter durante toda su vida y sigue muy ligado al club. Al igual que Evaristo Beccalossi, un genial zurdo nerazzurro de los años 70 y 80, y Maurizio Ganz, un delantero que hacía que los tifosi del Inter corearan "El segna semper lu" ("Siempre marca él", en dialecto milanés).

Los tres disfrutaban encontrándose en el bar de la gasolinera de la Piazza Amati con un señor mayor, distinguido, cálido y alegre: el español Luis Suárez Miramontes. Sí, Luis Suárez, el Ballon d'Or de 1960, que nos dejó el pasado 9 de julio de 2023 a los 88 años.

Estas palabras resuenan en el coro de elogios hacia Luisito, como era conocido por todos. Clase, elegancia, disponibilidad... Adjetivos que se repiten en cada testimonio. Compañeros, rivales, directivos y periodistas; todos los que lo trataron guardan un recuerdo emotivo y afectuoso. Una unanimidad poco común en el mundo del fútbol.

"Lo conocí cuando llegó a la Sampdoria en 1970, donde jugamos tres temporadas juntos", explica Marcello Lippi, el técnico que llevó a Italia a ganar el Mundial de 2006. "Lo que te impactaba era su humildad, su sencillez, su buen humor y su disfrute de la vida en grupo. Lo había ganado todo y tenía una experiencia enorme, pero no resultaba abrumador. Al contrario, la ponía al servicio del colectivo. Igual que su talento, fuera de lo común", agregó quien fuera su compañero en la Sampdoria.

Al Barça por un puñado de pesetas

Un talento que asombró a sus contemporáneos. "En los años 60, trabajaba para el Corriere dello Sport y lo vi jugar en innumerables ocasiones", recuerda Salvatore Lo Presti, el único periodista que ha trabajado en los cuatro diarios deportivos de Italia.

"Era un jugador grandísimo, que jugaba a un toque y con una velocidad de ejecución que asustaba. Antes de recibir el balón, ya sabía a dónde enviarlo. No perdía ni un segundo en gestos superfluos. Su prioridad era servir a sus compañeros de la mejor manera posible. Y no donde se encontraban en el momento en que el balón le llegaba a Luis, sino en el lugar que ponía en dificultades a los defensas rivales. Luisito "leía" el campo y el juego como pocos jugadores", agregó.

Estas cualidades, Suárez las cultivó desde muy joven. Nacido en La Coruña, Galicia, en la primavera de 1935, el menor de tres hijos de una pareja de comerciantes no tardó en destacar por su magnífico control del balón, sus regates y su disparo seco y preciso.

Primero como delantero en los equipos del barrio de Hércules, donde sus padres regentaban una carnicería, y luego en un club parroquial, el Perseverancia, antes de unirse a las categorías inferiores del Deportivo, el gran club local. Alejandro Scopelli, antiguo crack de Estudiantes, la Roma y Racing de Avellaneda, lo tomó bajo su protección y lo convenció para que se reconvirtiera en centrocampista.

¡Y qué acierto! Luis Suárez despertó el interés de los dos grandes de España, el Real Madrid y el Barça. Los merengues lo dejaron escapar por el informe negativo de un ojeador tras una mala actuación contra el Valladolid. Los blaugranas no cometieron ese error. Astutamente, Josep Samitier, su director deportivo, negoció el traspaso de otro jugador del Depor, Dagoberto Moll. "¿Quieren 300.000 pesetas?", preguntó.

"¡Les doy 350.000 y me añaden al chico Suárez!". Con estas palabras, se cerró un trato modesto que llevaría a un joven Luis a Barcelona para la temporada 1954-1955. Tras curtirse en el filial, La España Industrial, se convirtió en una pieza clave de un Barça cuya estrella era el prodigioso Ladislao Kubala, jugador húngaro nacionalizado español.

El verdugo del Real Madrid

Suárez se ganó el respeto por su polivalencia, su energía inagotable y su estilo de juego con la cabeza siempre levantada. Su pie derecho era mágico, pero manejaba el izquierdo con una destreza admirable. Cuando Helenio Herrera, el carismático entrenador, llegó al banquillo blaugrana en 1958, no dudó en entregarle las llaves del equipo, incluso a costa de Kubala.

Bajo su dirección, los catalanes desafiaron la hegemonía del Real Madrid, ganando dos Ligas consecutivas y, sobre todo, poniendo fin a la racha invicta de los madrileños en la Copa de Europa.

En el otoño de 1960, en los octavos de final, el Barça eliminó al equipo que había ganado todas las ediciones del torneo desde su creación en 1956. El 9 de noviembre, un doblete de Suárez en Chamartín (el barrio del estadio Santiago Bernabéu) selló un empate 2-2, el primero que el Real Madrid cedía en casa en competición europea tras 16 victorias seguidas.

Dos semanas más tarde, los blaugranas culminaron la hazaña con una victoria por 2-1 en un partido tenso, donde Luis Suárez demostró su garra y liderazgo.

El ascenso al estrellato y el Ballon d'Or

Estas actuaciones, junto a recitales como el que ofreció ante el temido Wolverhampton en los cuartos de final de la Copa de Europa 1959-1960 (4-0 y 5-2), catapultaron al brillante centrocampista a la cima del fútbol europeo. En diciembre de 1960, fue galardonado con el Ballon d'Or. Sin embargo, la fama no se le subió a la cabeza. Luisito siguió viviendo en una pensión y yendo a los entrenamientos en tranvía, llevando una vida normal y alejada de los lujos y caprichos de una estrella, una actitud que mantuvo hasta el final de sus días.

A pesar de su humildad, ya era una referencia en España y en todo el continente. Alfredo Di Stéfano, el cerebro del Real Madrid y poco dado a los elogios, se deshacía en halagos hacia él: "¡Lee y construye el juego como nadie, como un arquitecto!". Esta comparación le valió un apodo que Suárez siempre apreció, especialmente viniendo de la "Saeta Rubia".

"Contrariamente a lo que decía parte de la prensa, nuestra relación siempre fue muy buena. Su consideración me llega al corazón, Di Stéfano ha sido el más grande de la historia. ¡El más completo de todos, incluso por delante de Pelé y Maradona!", confesó Suárez en una entrevista.

Clasificación del Ballon d'Or 1960

1) Luis Suárez (ESP, FC Barcelona) - 54 pts.
2) Ferenc Puskás (HUN-ESP, Real Madrid) - 37 pts.
3) Uwe Seeler (RFA, Hamburgo SV) - 33 pts.
4) Alfredo Di Stéfano (ESP, Real Madrid) - 32 pts.
5) Lev Yashin (URSS, Dinamo Moscú) - 28 pts.
6) Raymond Kopa (FRA, Reims) - 14 pts.
7) John Charles (GAL, Juventus) y Bobby Charlton (ING, Manchester United) - 11 pts.
9) Omar Sívori (ITA, Juventus) y Horst Szymaniak (RFA, Karlsruhe) - 9 pts.
11) Francisco Gento (ESP, Real Madrid) - 8 pts.
12) Bora Kostic (YOU, Estrella Roja) - 7 pts.
13) Joseph Ujlaki (FRA, RC Paris) - 5 pts.
14) Kurt Hamrin (SUE, Fiorentina) y Bobby Smith (ING, Tottenham) - 4 pts.
16) Jimmy Greaves (ING, Chelsea), Ivan Kolev (BUL, CDNA Sofía) y Luis Del Sol (ESP, Betis, Real Madrid) - 3 pts.
19) Károly Sándor (HON, MTK Budapest), János Göröcs (HON, Újpest Dózsa), Agne Simonsson (SUE, Örgryte, Real Madrid) y Dragoslav Šekularac (YOU, Estrella Roja) - 2 pts.
23) Antonio Angelillo (ITA, Inter de Milán), Blagoja Vidinić (YOU, Radnički Belgrado), Erich Hof (AUT, Wiener Sport-Club) y Gerhard Hanappi (AUT, Rapid Viena) - 1 pt.

La leyenda del Inter invencible

Su carrera alcanzó una nueva dimensión al fichar por el Inter de Milán en 1961, justo después de una increíble final de la Copa de Europa perdida por el Barça ante el Benfica (2-3). "El Arquitecto" se reunió con Angelo Moratti, propietario del club italiano, en un área de servicio de la autopista Milán-Roma. Moratti había sido convencido por Helenio Herrera, quien había dejado el Barça por el Inter el verano anterior: "¡Si lo ficha, tendremos un equipo invencible!".

Angelo Moratti pagó la cifra récord de 25 millones de pesetas, dinero que el Barça utilizó para construir un nuevo anillo en el Camp Nou. Este traspaso transformó al Inter y a la Serie A. "Nunca habíamos visto un jugador así en nuestra liga", admitió Massimo Moratti, hijo de Angelo y futuro presidente del Inter. "Quedé deslumbrado desde su primer partido. Teníamos un centrocampista sueco llamado Lindskog, un jugador lineal y fuerte físicamente. Y de repente llega Suárez: estaba en todas partes, aceleraba el juego, marcaba el ritmo".

"El balón apenas duraba un segundo en sus pies, porque de una volea se lo enviaba a nuestros delanteros a 40 o 50 metros de distancia. ¡Una precisión y una velocidad de pensamiento excepcionales, un jugador increíble!. Su dominio transmitía confianza a todo el equipo. Incluso nuestro portero no dudaba en sacar de mano hacia él, algo bastante raro para los guardametas de aquella época", agregó Moratti.

Gianfranco Bedin, el centrocampista defensivo que compartió vestuario con él en el Inter a partir de 1964, lo recuerda con el mismo entusiasmo. "Luis está al nivel de los más grandes: Di Stéfano, Cruyff, Platini y compañía. Tenía una elegancia y una facilidad técnica asombrosas, tanto en el juego largo como en el corto. Su dominio transmitía confianza a todo el equipo. Incluso nuestro portero no dudaba en sacar de mano hacia él, algo bastante raro para los guardametas de aquella época", rememora.

"Cuando Luis llegó al Inter, yo estaba en el equipo Primavera, el filial, pero participaba regularmente en sus entrenamientos. Qué delicia y qué aprendizaje era verlo golpear el balón, multiplicando los cambios de juego y las aperturas perfectas. Su profesionalismo en la preparación física y mental, así como su amor por el juego, fueron un ejemplo para todos", añade Bedin.

La conquista de la Eurocopa 1964

En 1964, el futbolista español se encontraba en estado de gracia. Lideró a la Roja hacia su primer gran trofeo, una Eurocopa ganada en Madrid frente a la URSS (2-1). Además, con el Inter, logró el doblete de Copa de Europa y Copa Intercontinental, y solo perdió el Scudetto en un partido de desempate contra el Bolonia (0-2). Sin embargo, no fue suficiente para ganar un nuevo Ballon d'Or, que fue para el escocés Denis Law. "¿Qué más tendría que haber hecho para ganarlo?", se preguntaba en cada una de nuestras entrevistas, con un tono entre fatalista y desilusionado.

Como cerebro y pulmón del Inter, Suárez era la plataforma de lanzamiento ideal para las ofensivas del equipo de Helenio Herrera. Sus pases magistrales de varias decenas de metros alimentaban a Jair y Mazzola en ataque, o servían para lanzar por la banda izquierda a un tal Giacinto Facchetti, "el defensa que obligaba a los extremos rivales a marcarlo", según palabras de Herrera.

Aquel equipo pasaría a la historia como el "Grande Inter", doble campeón de Europa y del mundo en 1964 y 1965. "Si Luisito no hubiera tenido que ausentarse por lesión en la final de 1967, el Celtic nunca nos habría ganado (1-2)", afirma Bedin. "Ese día, en Lisboa, nos faltó aquel a quien le dabas el balón en los momentos difíciles, porque sabías que te sacaría del apuro".

La permanencia en la Sampdoria y el fichaje por el Inter

Esa final fue el canto del cisne. Con la marcha del entrenador Helenio Herrera y del presidente Angelo Moratti en 1968, los nuevos responsables desmantelaron aquella formidable maquinaria. Para el nuevo técnico, el paraguayo Heriberto Herrera -quien ya había intentado deshacerse de Sívori en la Juve-, Corso y Suárez no podían jugar juntos. Una herejía que Ivanoe Fraizzoli, el nuevo presidente, respaldó.

"Mario es seis años más joven que yo, debéis quedaros con él", sugirió Suárez en 1970. Massimo Moratti precisa: "Consciente de que su amigo Luis se había sacrificado, un Corso motivado llevó al Inter a ganar el título en 1971".

Massimo Moratti también recuerda con cariño aquella época: "Ese Inter nos deleitó durante años, especialmente con la dupla Suárez-Corso (Mario, extremo izquierdo), cuya compenetración fue una de las claves del éxito. Se complementaban a la perfección y me considero un privilegiado por haber podido admirar semejante asociación". Giuseppe Bergomi, otra leyenda del club, añade: "Mucho tiempo después, a veces participaban en algún entrenamiento con nosotros. Las aperturas de Luis seguían siendo impresionantes y los tiros libres de Corso acababan todos en la escuadra".

Suárez, por su parte, tenía la intención de unirse al Cagliari de Riva, campeón en 1970. Sin embargo, el Inter, reacio a reforzar a un competidor directo, lo traspasó a la Sampdoria.

"En Génova, teníamos que luchar por la permanencia y Luis se adaptó sin problemas. Peleaba en cada partido, al tiempo que nos deleitaba con sus famosos pases de 50 metros, tan valiosos para los contraataques", recuerda Marcello Lippi. Aunque la segunda etapa de la carrera de Suárez fue menos brillante, la afrontó con la misma entrega y dedicación.

"Suárez estuvo presente en mi presentación en el Inter, pero yo estaba demasiado intimidado para decirle lo feliz que me hacía su presencia, ya que él había sido uno de los jugadores favoritos de mi padre, futbolista en Laval en los años 60", describió Ousmane Dabo, internacional francés.

Su trayectoria como entrenador, alternando breves periodos en el Inter con clubes de aspiraciones más modestas, solo brilló durante su etapa en las selecciones españolas. Conquistó el Campeonato de Europa Sub-21 en 1986 y llevó a la selección absoluta a la fase final del Mundial de 1990. Más tarde, se convirtió en un dedicado directivo del Inter, convocado por Massimo Moratti cuando este asumió la presidencia en 1995. Sus acertados consejos en materia de fichajes fueron cruciales, recomendando a jugadores como Zamorano, Recoba y Roberto Carlos, así como a las jóvenes promesas del Rennes, Ousmane Dabo y Mikaël Silvestre.

"Le llamé la atención cuando vino a observar a Mika. Aconsejó al Inter que nos fichara a los dos", rememora Dabo. "Suárez estuvo presente en mi presentación, pero yo estaba demasiado intimidado para decirle lo feliz que me hacía su presencia, ya que él había sido uno de los jugadores favoritos de mi padre, futbolista en Laval en los años 60. Su fallecimiento me afectó profundamente". Un sentimiento compartido por muchos, especialmente en los alrededores de la gasolinera de la Piazza Amati.

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