Hablar de Rose Lavelle es hablar de una leyenda viva del fútbol femenino de Estados Unidos. Y su reciente nominación al Ballon d'Or 2026, nos invita a recordar una historia poco conocida sobre sus orígenes. 

Cuando era solo una niña de Cincinnati, la actual futbolista del Gotham FC de la National Women's Soccer League (NSWL) transitaba la infancia con una pelota en los pies. 

En 2003, con apenas 8 años, Rose se disfrazó para un proyecto escolar de Mia Hamm, la mítica bicampeona del mundo y pionera que transformó el deporte femenino en Estados Unidos. 

En aquel cuaderno de tercer grado, Lavelle escribió con convicción que algún día vestiría la camiseta de la selección nacional al igual que su heroína. 

Sin embargo, para cumplir esa profecía infantil, primero tuvo que atravesar un partido fatídico que cambió su mentalidad para siempre y la obligó a hacer autocrítica.

El amargo inicio en la selección

Luego de asombrar a todos con su talento en las divisiones inferiores, la realidad profesional golpeó a Lavelle sin previo aviso. 

En marzo de 2017, durante la SheBelieves Cup, una joven Lavelle disputaba apenas su segundo partido con la Selección de Estados Unidos en la dura derrota 3-0 frente a Francia. 

Tan decepcionante fue su actuación sobre el campo que la entrenadora Jill Ellis la retiró de la cancha en el descanso.

"Me sustituyeron porque jugué fatal. Recuerdo haber pensado: 'Guau, esto es lo máximo. Tengo que mejorar en los próximos dos años si quiero competir por un puesto en este equipo'", manifestó la propia Rose.

Aquel golpe de realidad, lejos de destruirla, se convirtió en el punto de inflexión que transformó su carrera.

Lavelle comprendió que el talento natural no bastaba en la máxima exigencia y trazó un plan de trabajo de dos años enfocado en la autocrítica y en el crecimiento físico y táctico.

La revancha perfecta en Lyon

La recompensa a ese proceso de maduración llegó dos años después en el escenario ideal: la Copa del Mundo de Francia 2019. 

Tras afianzarse en el Washington Spirit, sus deslumbrantes actuaciones le aseguraron un lugar en la lista definitiva de Jill Ellis.

A sus 24 años, la niña de Cincinnati ya no era una promesa. Llegaba a aquella cita mundialista como una de las mejores jugadoras del equipo. 

Y tal fue la redención que, en el minuto 69 de la gran final frente a Países Bajos, encaró a la zaga rival y convirtió un zurdazo cruzado inolvidable para sentenciar el 2-0 y levantar el título mundial.

Aquel golazo colocó su nombre en la élite y significó la confirmación de que el doloroso aprendizaje de 2017 había dado sus frutos.

"Es increíble haber ganado un Mundial con gente a la que admiraba desde pequeña. No puedo expresarlo con palabras. Es asombroso", recordó Lavelle.

La leyenda viva que domina el presente

Con el paso del tiempo, aquella niña que se disfrazaba de Mia Hamm no solo cumplió su profecía, sino que se convirtió en una verdadera leyenda del fútbol estadounidense.

Hoy, con 31 años y afianzada como la gran figura del Gotham FC en la NWSL, Lavelle sigue desplegando esa elegancia e imprevisibilidad únicas cada fin de semana.

Incluso, con Lavelle como referente, el equipo de New York se consagró campeón de la última edición de la liga estadounidense.

Y es precisamente esa vigencia sostenida en la cima del fútbol mundial la que le valió su nominación al Ballon d'Or 2026.