Con 39 años recién cumplidos y una nueva final del Mundo alcanzada como capitán de la Selección Argentina, Lionel Messi sigue demostrando por qué es un desafío andante a la biología. 

El paso del tiempo parece sentarle cada vez mejor, a tal punto que el atacante del Inter Miami acaba de recibir su 17º nominación al Ballon d'Or, galardón que ya conquistó ocho veces.

Sin embargo, para lograr esta longevidad inédita y sostener un rendimiento de élite durante dos décadas, Messi tuvo que someterse a un cambio de disciplina que pocos conocen.

Los vómitos recurrentes

Hace más de una década, la leyenda rosarina vivía su momento más oscuro. El mundo del fútbol presenció repetidas veces cómo el delantero se detenía en medio de los partidos, tanto con el FC Barcelona como con la Selección Argentina, para vomitar sobre el césped.

A estas alarmantes imágenes se sumaban algunas lesiones musculares que frenaban su continuidad y amenazaban con acortar su carrera prematuramente. Nadie entendía qué era lo que sucedía.

La respuesta estaba en su alimentación. El detonante de aquellos malestares físicos era una nutrición completamente desordenada e incompatible con la máxima competencia. 

El propio Messi lo confesó años después. A los 22 o 23 años, comía chocolates, galletas y bebía gaseosas gaseosas sin control, desconociendo el impacto real en su cuerpo. Su talento seguía ahí, pero su físico comenzó a fallar.

Para frenar la caída y blindar su carrera, el astro tomó una decisión drástica: visitar a un experto en la cuestión y cambiar radicalmente su disciplina alimentaria.

La intervención profesional: El "Gasolina Súper" de Poser

Messi acudió a Sacile, Italia, para ponerse en manos del doctor Giuliano Poser, un especialista conocido por desintoxicar los organismos de los deportistas de élite. 

La filosofía del médico fue innegociable y directa: "El azúcar es lo peor que hay para los músculos".

Poser reestructuró por completo la dieta del argentino, introduciendo lo que él bautizó como "gasolina súper" para el cuerpo: agua, aceite de oliva virgen extra, cereales integrales, frutas frescas y verduras biológicas. 

Por el contrario, prohibió el azúcar refinada, las harinas blancas, las carnes rojas en exceso, las gaseosas y los alimentos ultraprocesados.

Este reseteo nutricional obligó al capitán a "derramar lágrimas" al principio, tal como reconoció el propio médico, pero sentó las bases físicas para la segunda etapa de su carrera. 

El cambio fue inmediato y efectivo. Esta nueva y constante disciplina se vio reflejada en todo lo que vino después...

Impacto en la cancha: La inmortalidad deportiva

Los resultados del cambio nutricional fueron devastadores para sus rivales. Messi bajó de peso, recuperó su velocidad explosiva y dejó de sufrir las lesiones musculares que frenaban su continuidad. 

Lo más importante: los episodios de vómitos desaparecieron para siempre.

Con un cuerpo renovado y capaz de soportar la exigencia del calendario, lideró al Barcelona para ganar la Champions en 2015. 

Años más tarde, con la Selección, rompió la sequía al conquistar la Copa América (2021 y 2024), la Finalissima y el anhelado Mundial de Qatar 2022. 

Lejos de iniciar un declive al superar los 30 años, sumó cuatro Ballons d'Or adicionales después de haber cambiado su alimentación.

Hoy, la vigencia del rosarino es la prueba definitiva de aquel éxito. Haber recurrido a un especialista en alimentación fue un acierto clave para su carrera.

Tras guiar a Argentina a otra final en el Mundial 2026 y volver a figurar entre los nominados al Ballon d'Or con casi 40 años, demuestra que el talento puro no alcanza para ser inmortal si no está acompañado por una disciplina alimenticia inquebrantable.