Antes de acumular ocho Ballons d'Or en su vitrina y guiar a la Selección Argentina a la gloria absoluta, Lionel Andrés Messi tuvo que tocar fondo. 

Detrás de la leyenda que hoy ostenta todos los títulos imaginables del fútbol mundial, existe un episodio decisivo que humanizó al mito.

Luego de la final de la Copa del Mundo 2026 ante España, Messi redactó un texto para anunciar su retiro de la Selección Argentina de manera definitiva a sus 39 años.

Sin embargo, exactamente 10 años antes, el astro argentino había tomado esa misma decisión tras una derrota que marcó su carrera para siempre.

Lejos de significar un punto final, aquel momento de debilidad fue el inicio de su de su mayor transformación personal y deportiva.

Del colapso en Nueva Jersey a la zona mixta

El 26 de junio de 2016, el MetLife Stadium de Nueva Jersey fue escenario de una noche traumática.

La Selección Argentina cayó ante Chile en la final de la Copa América Centenario, sumando su tercera final consecutiva perdida en apenas tres años, tras los dolorosos desenlaces del Mundial de Brasil 2014 y la Copa América 2015. 

La imagen del capitán desconsolado tras fallar su penal en la tanda decisiva recorrió el planeta: por primera vez, el futbolista más dominante de la época lucía completamente roto.

Minutos más tarde, el impacto se trasladó a la zona mixta. Con la mirada perdida y la voz quebrada, la frustración acumulada estalló ante las cámaras: "La Selección se terminó para mí. Son cuatro finales, no es para mí".

Aquellas palabras se sintieron como una vía de escape a una década marcada por la exigencia impaciente, las comparaciones con la figura de Diego Maradona y las críticas desproporcionadas hacia su persona. 

Los periodistas decían que Messi rendía mejor en el FC Barcelona y que su liderazgo no estaba a la altura de lo que necesitaba la Selección Argentina.

Gestionar la frustración: La clave de la reconstrucción

Aquel paso al costado provocó un fenómeno social sin precedentes. La amenaza de perder definitivamente al rosarino desató una ola de empatía colectiva en Argentina. 

Bajo la consigna "No te vayas, Leo", millones de aficionados se movilizaron en las calles y las redes sociales, mientras compañeros, referentes del deporte y figuras públicas le pedían públicamente que reconsiderara su postura.

Apenas dos meses después, tras reunirse en España con el entrenador Edgardo Bauza y analizar la situación con su entorno familiar, el atacante anunció su regreso. 

Sin embargo, no volvió el mismo jugador que había decidido cerrar la puerta...

Messi comprendió que para alcanzar el éxito debía aceptar que el tropiezo forma parte del camino hacia la consagración.

El premio a no darse por vencido

Ese cambio de mentalidad fue determinante para dar comienzo a su etapa más brillante como futbolista y capitán de la Selección Argentina. 

El punto de quiebre definitivo llegó en la Copa América 2021, cuando Argentina conquistó el Maracaná tras vencer a Brasil. 

Liberado del peso de las viejas heridas, el capitán comenzó a jugar con la soltura de quien disfruta cada instante en la cancha.

Lo que siguió fue una dinastía irrepetible: la obtención de la Finalissima, la épica consagración en el Mundial de Qatar 2022, el bicampeonato continental en 2024 y la reciente marcha hasta la final de la Copa del Mundo 2026. 

Una nueva nominación al Ballon d'Or

Con 39 años sobre la espalda, ahora sí el argentino decidió poner punto final a su etapa en la Selección Argentina.

Esta vez, parece definitivo. Se marcha con la tranquilidad de quien ya lo dio y lo logró todo.

Y esta nueva nominación al Ballon d'Or 2026 ratifica su legado eterno y su vigencia en la élite del fútbol mundial. 

Al fin de cuentas, Messi le demostró al planeta que a veces es necesario detenerse, dudar y reconstruirse para volver con más fuerza y conquistarlo todo.