Pizza, cola y magia
No se esperaba que Lionel Messi fuera admirado en todo el mundo por su longevidad.
La historia del legado del ocho veces ganador del Ballon d’Or ya estaba grabada en piedra, guardada por millones de nosotros para el futuro con el fin de transmitir adecuadamente su grandeza a nuestros nietos.
Sus regates y sus fabulosos goles en solitario. Su elegancia, propia de un bailarín, y su dominio del balón. Su extraordinario inteligencia futbolística, junto con una capacidad infalible para cambiar el rumbo de los partidos él solo.
Es un montaje con lo mejor de esos momentos mágicos grabados a fuego en nuestras mentes, protagonizado por un jugador que no tiene edad, que nunca envejece.
¿Un homenaje a un talento de élite que mantiene sus dotes hasta la mediana edad? Bueno, eso estaba reservado para figuras como Ryan Giggs y Cristiano Ronaldo, dos gigantes del fútbol que se entrenaban como máquinas y poseían una obsesión compulsiva por seguir adelante.
¿Es mera coincidencia que ambos jugadores fueran entrenados por Sir Alex Ferguson, un hombre famoso por su gran determinación?
En el caso de Messi, siempre se ha valorado más su arte que su resistencia, un atributo que Ronaldo ha sabido aprovechar hasta un grado extraordinario.
Por cierto, es perfectamente posible admirar ambos rasgos por igual. Contemplar la Sagrada Familia y un superordenador y quedarse igual de asombrado.
Durante los primeros diez años de su carrera, Messi solía vomitar en ocasiones durante los partidos, una consecuencia desafortunada de una dieta que consistía en gran parte en comida procesada: pizza y chocolate. Su afición por la cola se ha descrito en la prensa como una 'adicción'.
Su legado como genio quedó consolidado desde una edad relativamente temprana, pero una cosa era segura: no se esperaba que el argentino fuera admirado en todo el mundo por su longevidad.
Un enfoque sensato
La intervención de un nutricionista italiano llamado Giuliano Poser lo cambió todo.
Ampliamente reconocido por haber transformado la forma física y el bienestar de Messi a partir de 2014, Poser ha sido interrogado en numerosas ocasiones sobre sus métodos, y dice mucho a su favor que siempre haya respondido con humildad, limitándose a exponer objetivos evidentes. Un enfoque que, francamente, cualquier profesional de la medicina deportiva que se precie defendería.
Prohibió los refrescos con gas y el alcohol. También eliminó los alimentos procesados, las harinas y los cereales refinados, así como la carne roja y el cerdo. Los mariscos y los productos lácteos se redujeron al mínimo.
En su lugar, Poser hizo hincapié en los alimentos que el cuerpo de Messi necesitaba, no en lo que quería.
Defendió con firmeza cinco pilares fundamentales que el jugador debía seguir, a saber…
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Beber mayores cantidades de agua
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Utilizar únicamente aceite de oliva virgen extra de muy alta calidad
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Consumir cereales integrales y legumbres a diario
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Fruta fresca
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Verduras frescas
Con el mayor de los respetos hacia Poser, a quien se le ha reconocido con razón el mérito de haber prolongado la carrera de uno de los mejores talentos que jamás haya pisado un campo de fútbol, estas recomendaciones se pueden encontrar en miles de libros.
Por eso resulta tan modesto que él opte por centrarse en ellas.
En realidad, el italiano también introdujo otros enfoques que Messi adoptó, algunos de los cuales se salían un poco de lo habitual.
La reconstrucción de un genio
Es el final de la temporada 2013/14 y Lionel Messi acaba de marcar 41 goles en 46 partidos con el Barcelona.
A simple vista, todo parece ir bien; su prolífica capacidad para arrasar a los equipos es tan evidente como siempre, pero entre bastidores su club está preocupado.
El jugador de 27 años empezaba a sufrir desgarros musculares y distensiones en los isquiotibiales, lo que le hacía perderse partidos de vez en cuando. Aquella primavera, jugando con Argentina en un amistoso contra Rumanía, el delantero había vomitado en el campo a los siete minutos de partido.
Esto ya le había ocurrido antes, muchas veces, pero nunca a los siete minutos de empezar.
Se le hicieron pruebas y todas resultaron inconclusas. Se mantuvieron conversaciones, que acabaron en desacuerdos.
Fue en ese momento cuando Martín Demichelis le recomendó a Poser a su compañero de la selección y se introdujeron cambios importantes en la dieta de Messi.
En cuestión de semanas perdió 3,5 kg. Las náuseas en el campo cesaron. Sus compañeros empezaron a comentar que el argentino parecía más ágil en los entrenamientos. Más libre.
Muy impresionado por los resultados de la colaboración, Messi le preguntó a Poser si tenía algún otro as en la manga. Y así era.
Poser, tanto kinesiólogo como nutricionista, sugirió enfoques holísticos, desde el uso de las flores de Bach —un remedio que se puede pulverizar sobre la lengua para reducir el estrés— hasta masajes linfáticos para drenar suavemente el líquido de los tejidos.
Se realizaron correcciones posturales. Se incorporó la terapia emocional.
Durante los siete años siguientes, Messi se entregó a todo esto y mucho más, viendo los beneficios en el campo y sintiéndose mucho mejor fuera de él.
En 2018, le confió a La Cornisa TV…
«Durante muchos años comí mal: chocolates, refrescos y de todo. Ahora me cuido mejor. Como pescado, carne, ensaladas. Todo está organizado y controlado».
La bebida de los dioses
La afición de Messi por la bebida a base de hierbas «yerba mate» está bien documentada; se ha fotografiado al jugador en numerosas ocasiones bebiendo de una taza de calabaza ahuecada, que se utiliza habitualmente para servirla.
Se trata de un té tradicional sudamericano que contiene un único ingrediente principal —las hojas trituradas de la planta Ilex paraguariensis—, que se mezcla con agua caliente o tibia, normalmente de un termo.
Al ofrecer una potente mezcla de antioxidantes y vitaminas, se la conocía en el folclore colombiano como la «bebida de los dioses», mientras que su fuente natural de cafeína proporciona un aumento de energía y estado de alerta.
Además, algo fundamental para un jugador que sigue una dieta de lo más saludable, se dice que es un supresor del apetito.
A Messi le gusta tanto esta bebida que ya ha conseguido que varios compañeros de equipo se aficionen a ella y, según se informa, esta misma semana ha regalado a todos los miembros de la selección argentina para el Mundial un juego de yerba mate hecho a medida.
El termo incluido era de color dorado y llevaba impreso el logotipo personal del jugador.
La majestuosidad en el campo
Este verano se habló mucho de la propensión de Messi a «pasearse» durante los ocho partidos de Argentina, y un análisis detallado de sus movimientos en el torneo de las Américas sí que llama la atención.
Durante el 62,7 % del tiempo, el legendario delantero caminó tranquilamente. Durante el 24,7 % del tiempo, se quedó completamente inmóvil.
Solo el 2,8 % de su tiempo de juego lo dedicó a correr. Un escaso 0,1 % del tiempo lo empleó en esprintar.
Por supuesto, un argumento de peso contra estas cifras es el hecho de que Messi siempre ha hecho esto, una estrategia deliberada que le permite detectar los puntos débiles de la defensa rival y eludir el marcaje individual de un central.
No es tanto que se pasee, sino que deambula, evaluando la estructura del equipo. Construyendo lo que Pep Guardiola denominó en su día un «mapa en su cerebro».
Es una estrategia de la que pocos, por no decir nadie, pueden afirmar que no funciona. En el Mundial, Messi marcó ocho goles y dio cuatro asistencias. Fue el tercer jugador que más ocasiones claras creó en el torneo (15). Suponía una potente amenaza latente cada vez que la Albiceleste recuperaba la posesión.
Y, naturalmente, lo que esta metodología también permite es ahorrar energía.
Permitió que un hombre de 39 años jugara 120 minutos contra Cabo Verde, Suiza y España, y 90 minutos contra Egipto e Inglaterra.
Lo que presenciamos al otro lado del Atlántico este verano fue a un auténtico grande de esta época —o de cualquier otra— gestionando su grandeza, reservándola solo para los momentos en que era necesaria.
Eso, de por sí, fue fascinante de contemplar.