Ganar el Ballon d'Or y proclamarse campeón del mundo con la Selección Española son logros reservados para elegidos. Uno de ellos es Rodri Hernández.

Sin embargo, detrás de la calidad técnica y la inteligencia del mediocampista, existe una historia de disciplina, valores familiares y pasión por el fútbol.

En un relato publicado en 'The Players' Tribune', el volante repasó los momentos y las promesas que definieron su camino hacia la cumbre del fútbol mundial.

"Si quería perseguir mi sueño de jugar al fútbol, también tenía que ir a la universidad" - Rodri Hernández

La adicción por el balón desde la infancia

La relación de Rodri con el fútbol comenzó en el patio de su casa: "Recuerdo cuando tenía cinco años: había una piscina comunitaria en medio de nuestro barrio y un pequeño jardín".

"En verano, la rutina era: fútbol, piscina, fútbol, piscina. Volver a casa para comer. Regresar a la piscina. Volver al jardín", recordó sobre sus primeros pasos.

Desde muy temprano, la exigencia del madrileño consigo mismo rozaba la obsesión, algo que 'preocupaba' a su entorno. "Con 10 años, si jugaba un partido y no lo hacía bien, no podía hablar con mis padres en todo el día".

"Seguro que mi madre me miraba pensando: '¿Qué le pasa? Solo es un juego'. En casa estaban hartos de que yo viera tanto fútbol... Para mí era casi como una droga", explicó.

El pacto con sus padres

A medida que su talento y su pasión crecían a pasos agigantados, los padres de Rodri intentaron que el joven no perdiera la perspectiva y mantuviera los pies sobre la tierra.

"Hice un pacto con mis padres cuando era muy joven. No sé si llegamos siquiera a hablarlo explícitamente... Simplemente se daba por sentado", reveló Rodri.

La condición era simple, pero inquebrantable: "Si quería perseguir mi sueño de jugar al fútbol, también tenía que ir a la universidad". No hubo punto medio, ni excepciones.

Ese compromiso lo acompañó en su salto al fútbol profesional. A los 17 años, dejó Madrid para unirse a las categorías inferiores del Villarreal y también matricularse en la Universidad Jaume I.

Lejos del estilo de vida habitual de un futbolista, Rodri apostó por la 'normalidad' de cualquier chico de su edad: "El primer año viví en la residencia de la academia del Villarreal con mis compañeros de equipo".

"Pero, al cumplir los 18, ya te consideran 'mayor' y tienes que buscarte tu propio apartamento. Y eso hice: me fui a la residencia de estudiantes", recordó Rodri.

Allí estudió la carrera de Administración y Dirección de Empresas (ADE), hábito que mantuvo hasta su etapa como jugador del Manchester City. Un prototipo distinto al del futbolista estándar.

Un perfil diferente, incluso en redes sociales

En un fútbol moderno dominado por la exposición mediática, Rodri siempre ha destacado por mantenerse al margen y apostar por la 'cotidianidad', las cosas simples de la vida.

La ausencia de redes sociales o lujos ostentosos forma parte de su identidad. "A veces los chicos se meten conmigo por ser 'normal'. Es curioso, porque si le preguntaras a mi mujer o incluso a mi madre, dirían que soy todo menos normal", confesó.

Esa supuesta normalidad es, en realidad, una elección de vida: "Si soy normal, probablemente sea en el sentido de que no me interesan las redes sociales ni las zapatillas de 400 euros".

"Desde niño, simplemente me han interesado más las 'sensaciones'. Nunca dije: 'Quiero ser futbolista para tener un Ferrari'. Era porque lo que mis ídolos hacían en el campo me hacía sentir vivo", concluyó.

Este estilo de vida, diferente a lo que se suele ver en el fútbol, lo llevó a convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo.

Esa madurez y ese compromiso con sus valores terminaron dando sus frutos en la cima del fútbol global.

Este estilo de vida lo llevó a conquistar la Champions League, la Eurocopa, el Ballon d'Or y el Mundial, entre otros grandes títulos.

Sin lugar a dudas, un ejemplo de vida.