En marzo de 2026, Lionel Messi alcanzó una nueva marca histórica en su carrera: marcó un gol ante New York City por la MLS y llegó a los 71 goles de tiro libre. Con este registro, el jugador superó a Pelé y quedó a un paso de alcanzar el récord absoluto que ostenta el brasileño Juninho Pernambucano.

Hoy en día, ver al argentino frente a la pelota al borde del área genera una expectativa inmediata. Los arqueros rivales ordenan la barrera con tensión y la efectividad de sus remates es altísima. A lo largo de los años, Messi perfeccionó su técnica hasta convertirse en una garantía de peligro a balón parado.

Sin embargo, esta habilidad no lo acompañó desde el inicio. Durante sus primeras temporadas en el FC Barcelona y en sus comienzos con la Selección Argentina, sus tiros libres eran diferentes. Messi tenía potencia y buena dirección, pero todavía le faltaba la precisión milimétrica que hoy lo caracteriza.

Esa transformación de goleador a especialista absoluto tiene lugar y fecha exacta: el césped del Stade Vélodrome de Marsella, en febrero de 2009. Durante la previa de un amistoso de la Selección Argentina, ocurrió un episodio clave: una enseñanza técnica de Diego Maradona que lo cambió absolutamente todo.

La intervención de Signorini: Un golpe al ego

Todo ocurrió al finalizar una práctica en la previa de un partido amistoso contra la Selección de Francia. En aquel momento, Diego Maradona era el director técnico de la Selección Argentina. Al terminar el entrenamiento, Carlos Tevez, Javier Mascherano y el propio Messi pidieron permiso para quedarse pateando al arco.

En uno de sus tantos intentos, Messi ejecutó un disparo que se fue muy por encima del ángulo derecho de la portería defendida por Juan Pablo Carrizo y llamó la atención por su reacción posterior. El rosarino hizo un gesto evidente de fastidio, dio media vuelta y comenzó a caminar rumbo al vestuario.

En ese trayecto, el astro fue interceptado por Fernando Signorini, quien era el preparador físico del equipo. En su libro 'Fútbol llamado a la rebelión', el autor detalló cómo detuvo la marcha del futbolista argentino y cómo hizo para tocar su orgullo competitivo con una simple frase.

"Decime una cosa, ¿un jugador como vos se va a ir a duchar con esa porquería? Dejate de hinchar las bolas. Agarrá una pelota y volvé a intentar", le dijo Signorini a un frustrado Messi que sólo quería irse del campo de juego para ducharse y volver a la concentración.

Esa frase directa frenó la retirada de Messi y le dio un golpe directo al ego del mejor futbolista del mundo, que en ese entonces tenía apenas 21 años y se preparaba para ganar su primer Ballon d'Or en 2009. Lo que pasó inmediatamente después fue algo propio de leyendas.

La enseñanza de Maradona: La técnica que cambió todo

Maradona, que había observado la situación a pocos metros de distancia, se acercó a ellos. Siguiendo el relato documentado por Signorini, el entrenador abrazó a Messi por los hombros y lo guio de regreso al área con un tono paternal: "Leíto, Leíto, vení, papá. Vamos a hacerlo de vuelta".

El director técnico acomodó la pelota exactamente en el mismo lugar desde donde el jugador acababa de fallar y le compartió una indicación técnica precisa para cambiar por completo la dinámica de sus remates: "Escuchame, cuando vos le entrás a la pelota, no le saques el pie tan rápido".

"Mejor dejáselo un poco más, porque si no ella (la pelota) no entiende qué es lo que vos querés. No hay que tratarla de cualquier manera", fue la explicación de Maradona. Sí, el entrenador se refería al balón con pronombres personales, como si fuera una persona más.

Hasta ese momento, Messi solía golpear los tiros libres con un impacto seco y rápido, lo que generaba mucha potencia pero menos control. A pesar de que contaba con una gran capacidad goleadora a la hora definir, su fuerte durante sus primeros años no eran los tiros libres.

La orden de Diego apuntaba a lo que, en biomecánica pura, se conoce como 'follow-through' o acompañamiento de balón. Al dejar el pie apoyado sobre el cuero una fracción de segundo adicional, el jugador logra darle a la pelota el efecto de rotación necesario para que supere la barrera y baje bruscamente de cara al arco.

Para demostrar el concepto en la práctica, Diego dio un par de pasos hacia atrás y ejecutó el tiro libre. La pelota hizo una curva perfecta y entró directamente en el ángulo izquierdo. Messi entendió el mensaje al instante, asimiló la instrucción e, increíblemente, mejoró considerablemente como ejecutante.

"Nosotros dos terminábamos el entrenamiento y nos íbamos a patear. Ahí empezó a pegarle al arco. No porque yo le enseñé. Es simple, le dije: tenés que pegarle al medio y dejarle el pie. Me preguntaba cómo le hacía para meterle todo el pie. Le decía: pues así... No me van a dar un Oscar, pero ahora las cuelga a todas", recordó Diego, en una entrevista con 'TyC Sports'.

Aplicar lo aprendido: Un impacto legendario

El impacto de aquella breve charla fue inmediato y los números lo demuestran. Antes de ese entrenamiento en Francia, Messi apenas registraba un solo gol de tiro libre oficial en toda su carrera, el cual había anotado en octubre de 2008 frente al Atlético de Madrid. Hasta ese momento, su rol en la pelota parada era secundario.

Tras asimilar la enseñanza de Maradona, su evolución fue impresionante. Messi aplicó el concepto de mantener el contacto con el balón como dijo Diego y comenzó a practicar de manera sostenida. Año tras año, incrementó su efectividad hasta convertirse en el ejecutor principal y absoluto tanto en el FC Barcelona como en la Selección Argentina.

El resultado de ese aprendizaje es la marca que ostenta en 2026. Con 71 goles de falta directa, el rosarino dejó atrás los registros del propio Maradona (61) y superó a especialistas históricos como David Beckham, Ronaldinho y Pelé.

Máximos goleadores de tiro libre en torneos oficiales
 

  1. Juninho Pernambucano: 77 goles

  2. Lionel Messi: 71 goles

  3. Pelé: 70 goles

  4. Víctor Legrotaglie: 66 goles

  5. Ronaldinho: 66 goles

  6. David Beckham: 65 goles

  7. Cristiano Ronaldo: 64 goles

Aquella tarde en el Stade Vélodrome representó mucho más que una simple corrección técnica: fue el momento exacto en el que el ídolo máximo de una generación decidió entregarle uno de sus mayores secretos a quien estaba destinado a sucederlo. Maradona le otorgó a Messi la herramienta que le faltaba para dominar por completo el juego.

Hoy, cada vez que el ganador de ocho Ballon d'Or acaricia la pelota por encima de la barrera, el mundo entero es testigo del talento natural de un jugador irrepetible, pero también de la herencia eterna de Diego.