Siempre quedó muy claro que Jude Bellingham iba a llegar muy lejos en el fútbol.
Desde destacar, en una liga propia, con el Stourbridge Juniors, hasta marcar goles a mansalva con el equipo de su colegio, pasando por su incorporación a la cantera del Birmingham con tan solo ocho años, el centrocampista recorrió todos los caminos, siempre un nivel por encima de sus compañeros.
Entrenaba con los sub-14 cuando solo tenía diez años, haciéndolos reír al hacerles un túnel o lanzar el balón por encima de sus cabezas y esquiarse entre ellos. Se convirtió casi en un motivo de orgullo haber sido «superado» por aquel niño precoz. Pasó rápidamente a la categoría sub-16 del club cuando aún solo tenía 13 años.
Con unas habilidades extraordinarias y una aplicación de esas habilidades que hacía que todo lo que hacía pareciera fácil, siempre fue evidente que el Birmingham tenía entre sus filas a una futura superestrella. Los entrenadores lo sabían. Sus compañeros lo sabían. Simplemente estaba destinado a ser así.
Sin embargo, esta certeza inquebrantable choca con una verdad aún mayor, y es que cada año, por todo el país, hay muchos Jude Bellinghams que fichan por canteras. Ellos también poseen un enorme talento natural. Se supone que ellos también están destinados a la grandeza.
¿Cuántos de ellos llegan a desarrollar todo su potencial, destacando de forma constante en todos los niveles hasta el punto de acabar fichando por el Real Madrid por 133,9 millones de euros y ser nominados al Balón de Oro en tres ocasiones antes de cumplir los 23 años? Solo uno.
Se necesita infinitamente más que mera habilidad —incluso en cantidades excepcionales— para convertirse en auténtica élite. El ser humano debe crecer en relación directa con el jugador.
Una leyenda antes de tiempo: cómo creció el revuelo
Antes de profundizar en esto, vale la pena reconocer el enorme revuelo que acompañó el ascenso de Bellingham, porque aprender a lidiar con tal presión y altas expectativas —absorbirlas e incluso utilizarlas para alimentar la motivación— explica en gran medida lo que distingue a este individuo en particular.
En una ocasión, cuando se estaba dando a conocer en el Birmingham, se organizó una rueda de prensa simulada antes de un partido crucial de la cantera contra el Liverpool. Montada exclusivamente en beneficio del joven, se le hicieron preguntas sobre el próximo encuentro, así como sobre temas más amplios que se estaban debatiendo, tocando su futuro en el fútbol.
Uno de sus antiguos entrenadores, Mike Dodd, participó en ello y, en otras ocasiones, Dodd se esforzó constantemente por poner obstáculos en el camino del talento emergente, retándole a superarlos.
El método Dodd: para desarrollar la resiliencia de su prodigio, a veces se organizaban partidos en los que Bellingham jugaba en un equipo con solo diez jugadores.
Cuando Bellingham debutó con el primer equipo de los Blues, con tan solo 16 años y 38 días, se había trabajado muchísimo en los años anteriores —tanto por parte del club como del jugador— para asegurarse de que estuviera preparado. Preparado para convertirse en una leyenda generacional.
La construcción de un campeón: dedicación absoluta y arrogancia esencial
Es interesante señalar que los antiguos entrenadores que recuerdan al joven cuando se incorporó al sistema han descrito a Bellingham como «atrevido». También se le ha comparado con Tigger, de Winnie the Pooh, por su entusiasmo sin límites.
El mérito de Birmingham es haber sabido aceptar este lado de la personalidad del jugador, porque un joven no puede estar tan implacablemente motivado como para omitir la diversión de su vida a esa edad. Eso no lleva a nada bueno. Tiene que haber luces y sombras.
Por desgracia, a medida que el fútbol de las categorías inferiores dio paso a las exigencias del primer equipo, y el adolescente comenzó a ofrecer actuaciones que casi de inmediato desataron los rumores de traspaso por parte de varios clubes punteros, las travesuras tuvieron que desaparecer, sustituidas por una dedicación a la mejora que es la mentalidad de un campeón.
«Nunca desperdiciará una sesión de entrenamiento, nunca desperdiciará un minuto en el gimnasio, nunca desperdiciará una oportunidad de volver a ver sus jugadas».
«Nunca desperdiciará una sesión de entrenamiento, nunca desperdiciará un minuto en el gimnasio, nunca desperdiciará una oportunidad de volver a ver sus jugadas». Así recuerda Mike Dodds a Bellingham a los 16 años, cuando acababa de empezar a dejar huella en la Championship.
«Está tremendamente centrado en cada aspecto de su programa. Si siente que tiene alguna carencia en su juego, se obsesiona casi hasta el extremo por corregirla».
El Club del 1 %: En busca de las mejoras adicionales
Este verano, Jude Bellingham se dirige al Mundial con las esperanzas de toda una nación sobre sus hombros. Mientras tanto, en Madrid es un héroe, una pieza fundamental dentro de una máquina ganadora de trofeos.
Todo esto se debe a su gran talento, pero también a las innumerables horas de trabajo dedicado y sacrificio que invirtió para abrirse camino.
John Walker es analista de rendimiento con licencia A de la UEFA 121. A continuación detalla lo que se necesita para llegar a lo más alto.
«La alimentación es muy importante a esa edad, porque estás en pleno crecimiento. Comprender el sueño también es vital. Luego están las cámaras de oxígeno, los baños de hielo y los días de recuperación. Además de la habilidad evidente, se trata de la dedicación a hacer todo ese 1 % extra.
El estándar de oro son los jugadores que quieren un análisis individual fuera de sus clubes. Durante el verano y los fines de semana.
Hacer vídeos de análisis táctico una vez a la semana no te va a convertir en un futbolista de talla mundial. Pero, ¿te va a hacer mejorar un 1 % ver tus partidos de nuevo y analizarlos técnicamente, y profundizar realmente en cada toque, en cada momento? ¿Dónde fallamos un pase hacia delante y por qué? ¿Dónde perdimos un duelo y por qué? Todas esas pequeñas cosas pueden marcar una gran diferencia.
Te garantizo que Jude Bellingham siempre se ha tomado estas cosas muy en serio».