A principios del siglo XXI, el fútbol cambió. Los sistemas tácticos comenzaron a priorizar el físico y la velocidad por encima del ingenio. El deporte exigía transiciones más rápidas y el talento puro parecía perder su lugar.

Sin embargo, un futbolista desafió esta revolución. En un contexto que daba más lugar a los velocistas, Juan Román Riquelme hizo de su lentitud una completa virtud. Así nació la figura del "Último 10".

Su estilo lo llevó a la élite mundial. Gracias a su forma de entender el fútbol, fue nominado al Ballon d'Or en tres oportunidades (2005, 2006 y 2007). Su impacto dejó una lección muy clara: la inteligencia puede pesar más que la velocidad.

El secreto de su éxito estaba en su técnica. Riquelme rechazaba la obsesión atlética moderna y se aferraba a un concepto que aprendió de pequeño: el fútbol es un juego, el fútbol es "jugar a la pelota".

Esa filosofía se basaba en tres conceptos claros: cuidar el balón, leer bien los espacios y utilizar la pausa mental. Esa combinación fue su arma maestra para desarmar a los equipos más vistosos y escribir su nombre en la historia.

La cadera como escudo: La biomecánica del engaño

"Correr, corre cualquiera... Jugar al fútbol es más complicado", dijo el propio Juan Román Riquelme allá por 2013 en 'Diario Clarín'. Con esta frase, el actual presidente de Boca Juniors resumía su ideología de juego a la perfección.

Su estilo parecía un anacronismo. Mientras los futbolistas de aquella época intentaban ser cada vez más veloces, él jugaba con la pausa de los años 70 y dominaba el fútbol moderno con autoridad.

En ese sentido, su secreto no era la aceleración. Al contrario: era el freno. Riquelme utilizaba su cuerpo y su inteligencia para proteger el balón, aguantar la marca y desordenar las líneas rivales.

Román, como se lo conoce popularmente, usaba la cadera y ponía la espalda para contener la fuerza de los defensores. Pisaba la pelota para tener un control absoluto de la situación, generaba espacios y le daba tiempo a sus compañeros para acomodarse.

"Si tenemos que ir de un punto A a un punto B, todo el mundo elegiría una autopista de seis carriles para llegar lo antes posible. Riquelme, en cambio, elegiría una carretera secundaria con curvas, una ruta sinuosa que tarda seis horas, pero que está llena de paisajes hermosos", lo resumió Jorge Valdano, en su libro 'Fútbol: el juego infinito'.

Su lentitud era una trampa. Esa pausa obligaba a los defensores a frenarse de golpe para intentar quitarle el balón. Riquelme los sacaba de su zona de confort, anulaba cualquier diferencia física y exponía todas sus falencias tácticas.

Gracias a este recurso, asumía el rol de director de orquesta: leía los espacios mejor que nadie, encontraba huecos que nadie más veía y ejecutaba la asistencia perfecta. Riquelme era un enganche nato.

"Riquelme ve las jugadas tres tiempos antes que otro jugador" - Carlos Bianchi


Carlos Bianchi, el padre de la bestia

Esa faceta de Juan Román Riquelme se potenció y alcanzó su mejor momento bajo la dirección técnica de Carlos Bianchi en Boca Juniors, durante los primeros años de la década del 2000.

El entrenador comprendió rápidamente la magnitud del talento del futbolista y decidió construir un esquema táctico a su alrededor. Como sucede actualmente con la Selección Argentina y Lionel Messi.

Bianchi armó un mediocampo con perfil aguerrido, con Mauricio Serna, Sebastián Battaglia y Diego Cagna, quienes se encargaban de la recuperación y el desgaste físico. De esta manera, Román se liberaba de cualquier responsabilidad defensiva.

"Riquelme ve las jugadas tres tiempos antes que otro jugador... Es muy parecido a Zinedine Zidane y, para verle jugar bien, sólo hay que encontrarle su posición", había dicho Bianchi, en una entrevista con 'Radio Cope'.

El '10' era su as bajo la manga. Bianchi le daba la libertad necesaria para que Román pudiera tomar la batuta del equipo y marcar el ritmo de los partidos a su antojo. Una marca registrada.

Sin ir más lejos, todo el fútbol de ese glorioso Boca pasaba por los pies de Riquelme. Y fue el propio Riquelme uno de los máximos responsables de llevar al 'Xeneize' a lo más alto del mundo en aquella época.

Los títulos de Riquelme como jugador de Boca

  • Torneo Apertura 1998

  • Torneo Clausura 1999

  • Torneo Apertura 2000

  • Copa Libertadores 2000

  • Copa Intercontinental 2000

  • Copa Libertadores 2001

  • Copa Libertadores 2007

  • Recopa Sudamericana 2008

  • Torneo Apertura 2008

  • Torneo Apertura 2011

  • Copa Argentina 2011-2012

De la exhibición en Japón a la idolatría


Riquelme se presentó ante los ojos del mundo el 28 de noviembre de 2000, en la final de la Copa Intercontinental contra el Real Madrid. Ese día, Boca se impuso por 2-1 y trepó a la cima en Tokio.

Con una actuación histórica, el '10' escondió la pelota, manejó los tiempos y enloqueció por completo a los campeones de Europa. Martín Palermo hizo los dos goles del equipo argentino, pero la performance de Riquelme fue memorable.

En aquella final, Riquelme no solo le ganó la partida a la defensa… También “humilló” tácticamente a Claude Makélélé, quien se destacaba como el mejor mediocentro defensivo de la época.

Frente al asedio del francés, Román hizo un uso magistral de la suela de su botín para pisar la pelota y "dormir" el partido a su antojo. Mientras los minutos corrían y los jugadores del Madrid se desesperaban por recuperar la posesión, el ‘10’ congelaba el ritmo de juego, desactivando por completo la presión rival.

Román dominó los hilos y frustró a sus rivales. Sin ir más lejos, Fernando Hierro, capitán de aquel Real Madrid, reconoció años después en 'Radio Continental' que "era difícil quitarle la pelota a Riquelme". "Supo en todo momento el timing para manejar el partido", dijo el español.

Esa consagración marcó una época en el fútbol argentino, a tal punto que Riquelme se convirtió en ídolo de millones y colocó su apellido entre los mejores volantes creativos del planeta.

En la actualidad, no abundan jugadores con las características de aquel Román. Por eso, al futbolista argentino se lo conoce mundialmente como "El Último 10".

Un talento capaz de dominar el ecosistema de un partido por completo y obligar a los otros 21 jugadores a jugar a su propio ritmo. Simplemente, Riquelme.