Durante décadas, el nombre de Gary Lineker fue el referente indiscutible del fútbol inglés en los Mundiales (seis goles, una Bota de Oro, un título).

Harry Kane no se limitó a igualar ese referente. Lo superó con creces, gol a gol, con mucha paciencia, a lo largo de tres ediciones de la mayor competición del mundo.

La andadura de Kane en el Mundial comenzó en Rusia en 2018, donde el delantero del Tottenham se dio a conocer en la escena mundial con seis goles y la Bota de Oro, terminando como máximo goleador del torneo.

Fue una declaración de intenciones por parte de un jugador que llevaba años demostrando su valía en la Premier League y que ahora confirmaba que la presión de un Mundial no solo no mermaba su capacidad goleadora, sino que la agudizaba.

Cuatro años más tarde, en Catar, Kane sumó más goles a su cuenta antes de transformar el penalti que le permitió superar el récord de Lineker.

El momento cobró todo su peso histórico: el capitán de Inglaterra superaba una marca que se había mantenido durante casi cuatro décadas. Sin embargo, Kane no se detuvo en ese hito.

El delantero ya tenía la mirada puesta en el siguiente partido, la siguiente oportunidad, el siguiente gol.

Ahora, en el Bayern de Múnich, Kane sigue acumulando estadísticas a un ritmo que hace que las comparaciones resulten casi superfluas.

Sus 13 goles en el Mundial son la prueba de que la grandeza en el fútbol internacional no solo requiere talento, sino también la capacidad de rendir al máximo en múltiples torneos, bajo una presión máxima, cuando toda una nación está pendiente de ti.