El hombre detrás de la leyenda

Hace unos días, se anunció el nombramiento de Zinédine Zidane como nuevo seleccionador de Francia.

El excentrocampista de 54 años —conocido mundialmente por el apodo de 'Zizou'— toma el relevo de Didier Deschamps, que estuvo al frente del equipo durante 14 años y conquistó la segunda Copa del Mundo de la historia de Francia, en 2018.

Veinte años antes de aquel triunfo inolvidable, Deschamps era jugador de la selección francesa la primera vez que el país levantó el trofeo, precisamente en casa, en la final del Mundial de 1998. El gran protagonista de aquella noche fue Zidane, que marcó dos goles en la victoria sobre la entonces campeona, Brasil, y aupó a Les Bleus a lo más alto del mundo.

Meses después, fue elegido ganador del premio Ballon d’Or.

A lo largo de una carrera de 18 años como jugador y de más de siete años como entrenador, Zidane ha forjado un legado que le ha situado entre los grandes nombres de la historia del fútbol: un icono admirado por su mentalidad, su talento y su búsqueda constante de la excelencia.

Pero, ¿qué es lo que realmente mueve a Zidane? ¿Cuáles son los valores y principios que han guiado sus logros dentro y fuera del campo —y que volverá a aportar a la selección francesa?

Pues bien, al igual que la propia Federación Francesa de Fútbol, pueden resumirse en las 'Tres F'.

Conozcamos mejor cada uno de ellos.

La primera F: Fútbol

¿Qué mejor lugar para empezar?

Puede parecer obvio, pero Zizou es fútbol, y el fútbol es Zizou.

Esta relación existe desde mucho antes de que se convirtiera en el elegante número 10 que cautivaba a los aficionados con su técnica, su agilidad y su control del balón.

De hecho, Zidane empezó a jugar a los cinco años, junto a otros niños del barrio de La Castellane, en Marsella.

A los 10 años, se incorporó a las categorías inferiores del club local US Saint-Henri antes de pasar al SO Septèmes-les-Vallons. Más que un simple jugador, Zidane era un apasionado del fútbol, alguien que no se cansaba de ver partidos siempre que tenía la oportunidad.

Aficionado del Olympique de Marsella desde niño, cita a varios jugadores de aquella época como sus grandes ídolos, entre ellos Blaž Slišković, Jean-Pierre Papin (ganador de laBallon d'Ora de 1991) y el centrocampista uruguayo Enzo Francescoli.

Aunque Francescoli solo estuvo una temporada en el Marsella, su 'elegancia' dejó una profunda huella en Zidane: "Estaba obsesionado con imitar a Enzo e intentar parecerme a él en todos los detalles. Así que analizaba todos sus movimientos en el campo e iba al Stade Vélodrome a ver sus partidos". (GQ Middle East)

Otro crack sudamericano que le fascinaba era Diego Maradona. A los 14 años, Zidane vio cómo 'El Pibe de Oro' llevaba a Argentina al título del Mundial y, años más tarde, recordó el impacto de aquel momento: "Fue la primera vez que me di cuenta del efecto que un jugador y un partido podían tener en mí. Era algo más que simple fútbol". (GQ Middle East)

La influencia de ambos jugadores quedó patente en el propio estilo de Zidane: la calma y la creatividad de Francescoli combinadas con el talento decisivo de Maradona.

"En ese momento lo tuve claro: me convertiría en futbolista y haría todo lo que estuviera en mi mano para alcanzar ese objetivo" — Zinedine Zidane

A los 14 años, participó en una concentración de tres días en el CREPS (Centro Regional de Deporte y Educación Física) de la Federación Francesa de Fútbol, en Aix-en-Provence. Allí llamó la atención del ojeador del Cannes, Jean Varraud, quien recomendó su fichaje al club.

Su paso por el Cannes debía ser solo temporal, pero su talento convenció al equipo para que le ofreciera un contrato profesional. Y no era solo su habilidad lo que llamaba la atención, sino que su dedicación para mejorar también marcaba la diferencia: "En el Cannes, me encantaba ver entrenar a los profesionales. Pensaba para mis adentros: si me esfuerzo, si trabajo duro, yo también puedo llegar hasta allí. Yo también puedo hacerlo, igual que ellos. En ese momento lo tuve claro: me convertiría en futbolista y haría todo lo que estuviera en mi mano para alcanzar ese objetivo". (GQ)

Tal y como prometió, Zidane hizo todo lo que estuvo en su mano para hacer realidad ese sueño.

Pasó cuatro años en el Cannes, ayudando al club a lograr su mejor temporada en la primera división francesa y a clasificarse por primera vez para la Copa de la UEFA.

En 1992, fichó por el Burdeos, donde continuó su evolución. Allí, ganó la Copa Intertoto de la UEFA en 1995 y fue elegido mejor jugador de la Ligue 1 en 1996, año en el que llevó al club a la final de la Copa de la UEFA.

Ese mismo año fichó por la Juventus, donde rápidamente ganó la Copa Intercontinental y la Serie A, además de ser elegido mejor jugador extranjero de la liga.

Durante sus cinco temporadas en Turín, Zidane ganó seis títulos antes de fichar por el Real Madrid en 2001, en una operación que batió el récord mundial de traspaso de la época.

En España, añadió otros seis trofeos a su palmarés, incluida la Liga de Campeones, un título que se le había escapado en dos ocasiones mientras defendía los colores de la Juventus. En la final de 2002, contra el Bayer Leverkusen, su histórica volea con la pierna izquierda pasó a formar parte de la lista de los goles más memorables de la historia de la competición.

"Siempre he sido ambicioso y siempre he creído en mí mismo" — Zinedine Zidane

Zidane se retiró en 2006, ante 80 000 aficionados en el Santiago Bernabéu, en su partido de despedida.

A lo largo de 18 años, Zizou se convirtió en uno de los futbolistas más completos y fascinantes del mundo. En todos los clubes en los que jugó, marcó goles, creó ocasiones para sus compañeros, levantó trofeos y forjó una relación especial con las aficiones.

Detrás de toda esa trayectoria se escondía una mentalidad que definiría su carrera: "A eso se le llama, sencillamente, ambición. Siempre he sido ambicioso y siempre he creído en mí mismo". (GQ)

Una de las mayores cualidades de Zidane siempre ha sido su visión de juego. Como un clásico número 10, parecía capaz de anticiparse a los movimientos de sus compañeros y de sus rivales, controlando los partidos con su inteligencia, su lectura del juego y su capacidad para tomar decisiones: "El número 10 es un líder, y el líder de un equipo tiene que crear. Tiene que ver las cosas antes que nadie". (Marca)

Esta capacidad para comprender el juego hizo que la transición a la carrera de entrenador pareciera un camino natural. Entre 2016 y 2021, Zidane llevó al Real Madrid a conquistar 11 títulos y se convirtió en el primer entrenador de la historia en ganar tres Ligas de Campeones consecutivas.

Pero, para él, la experiencia por sí sola nunca sería suficiente.

"Además del talento, siempre hay que estar dispuesto a trabajar duro" — Zinedine Zidane

En lugar de limitarse a valerse únicamente de su nombre y de su pasado como jugador, Zidane se propuso prepararse aún más. Decidió estudiar gestión de clubes deportivos en el Centre de Droit d'Economie du Sport, en Limoges, en lugar de seguir la vía más tradicional del curso BEPF, una titulación más accesible para los exjugadores de la selección francesa.

Esa elección reflejaba una filosofía que le había acompañado desde sus primeros años: el talento y la experiencia nunca bastan por sí solos: "Además del talento, siempre hay que estar dispuesto a trabajar duro. No se consigue nada sin esfuerzo". (FIFA)

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Esa búsqueda constante de la superación también pasaba por aprender de otras personas. A lo largo de su carrera como jugador, Zidane absorbió las enseñanzas de todos los entrenadores con los que trabajó, y esa curiosidad se hizo aún más fuerte después de convertirse en entrenador: "Esos tres años de estudio fueron necesarios y me inspiraron. Pasar unos días en Múnich con Pep Guardiola y su equipo, estar cerca de la acción y poder hacer todo tipo de preguntas fue algo extraordinario. Tanto para Guardiola como para mí, que ya nos hemos enfrentado y nos tenemos un gran respeto mutuo, ese intercambio fue enriquecedor". (GQ)

"Aunque puedas ganar partidos tú solo, no se ganan títulos en solitario" — Zinedine Zidane

Pero el aprendizaje nunca ha sido una vía de sentido único. Tras haber contado con grandes mentores a lo largo de su propia trayectoria, Zidane también empezó a dedicar su trabajo al desarrollo de los demás: "No hay nada mejor que hablar con un jugador antes de un partido. Yo lo necesito, y esa es la base de mi trabajo: hablar, entender cómo se encuentra, hacerle ver que todo va a salir bien y transmitirle todo lo que pueda". (GQ)

Ese deseo de compartir conocimientos refleja la misma mentalidad colectiva que marcó su carrera como jugador. Zidane fue uno de los grandes creadores del fútbol, alguien que siempre valoró ayudar a sus compañeros tanto como sus propios momentos de gloria: "Es una alegría enorme poder compartir. No podría practicar ningún otro deporte que no fuera colectivo. Claro, prefiero marcar yo a ver marcar a mis compañeros. Pero, aunque puedas ganar partidos tú solo, no se ganan títulos en solitario". (GQ Middle East)

Ahora, Zidane aporta todas estas cualidades a su nuevo reto como seleccionador de Francia: una pasión por el fútbol que le acompaña desde niño, una comprensión única del juego, una ética de trabajo incansable y una voluntad constante de aprender y compartir conocimientos con los demás.

La segunda F: Familia

Si el fútbol explica en quién se convirtió Zidane, la familia explica de dónde vino todo eso.

Muchas de las características que marcaron su carrera sobre el terreno de juego y, más tarde, su forma de dirigir un equipo como entrenador, las aprendió en casa, mucho antes de que el mundo conociera a Zizou.

Sus padres, Smaïl y Malika, emigraron de Argelia a Francia antes de que nacieran Zidane y sus cuatro hermanos. Tras mudarse de París a Marsella a mediados de la década de 1960, Smaïl trabajó duro para mantener a la familia, desempeñando trabajos como mozo de almacén y guardia de seguridad, a menudo en turnos de noche.

"Fue mi padre quien nos enseñó que un inmigrante tiene que trabajar el doble que cualquier otra persona" —Zinedine Zidane

Desde muy temprana edad, Zidane fue testigo de cerca de la determinación de su padre, una influencia que le ayudó a forjar la ética de trabajo que definiría su carrera: "Mi padre es una gran fuente de inspiración para mí. Fue él quien nos enseñó que un inmigrante tiene que trabajar el doble que cualquier otra persona, que nunca puede rendirse". (The Guardian)

La mentalidad que llevó a Zidane a perfeccionar su talento como jugador y, más tarde, a dedicarse a la carrera de entrenador con la misma dedicación no surgió por casualidad. Fue algo que aprendió en casa.

Pero su padre también le enseñó otro valor fundamental: la importancia de la comunicación y de transmitir conocimientos.

Como recordó Zidane: "Mi padre me transmitió muchas cosas. Cuando me cortaba el pelo o me untaba aceite de oliva en él antes y después de los partidos, siempre aprovechaba para transmitirme un mensaje. Como padre, tienes que encontrar la manera de que tus hijos te escuchen, sobre todo en la adolescencia. Cuando mi padre me cuidaba, yo le prestaba toda mi atención". (GQ)

Esos momentos le enseñaron a Zidane que el conocimiento solo tiene valor cuando se comparte, y que la confianza debe preceder a la influencia. Fue una lección que más tarde se reflejó en su forma de trabajar como entrenador, en la que la comunicación se volvió tan importante como la propia comprensión del juego.

Pero, sobre todo, esas lecciones moldearon el papel que Zidane más valora: el de padre.

Conoció a su futura esposa, Véronique Fernández, a los 17 años, cuando jugaba en el Cannes. Juntos tuvieron cuatro hijos: Enzo (nacido en 1995), Luca (1998), Théo (2002) y Elyaz (2005).

Los cuatro siguieron una carrera en el fútbol profesional, y Zidane se esforzó por transmitirles sus conocimientos no solo como entrenador, sino sobre todo como padre: "La forma en que consigo captar la atención de mis hijos es a través del fútbol. En este tema, me escuchan". (GQ)

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Pero su mensaje nunca se ha limitado a alcanzar el éxito. Siempre ha tratado también de disfrutar del camino.

Antes de que Théo defendiera a Francia en la Eurocopa Sub-17 de 2019, contó que el consejo de su padre fue sencillo: "Mi padre me dijo que me divirtiera jugando, que confiara en mí mismo y que no cambiara mi forma de jugar, porque así fue como llegué a la selección. Me dijo que, pasara lo que pasara, estaría orgulloso de mí". (Marca)

Años más tarde, antes del primer Mundial de Luca, el mensaje de Zidane seguía siendo el mismo: "El consejo que le doy es el de un padre, no el de un entrenador. Le digo que, por encima de todo, lo disfrute. Que saboree cada momento". (GQ Middle East)

Zizou siempre ha estado presente para apoyar a sus hijos, acompañándolos en torneos y partidos a lo largo de sus trayectorias. En algunas ocasiones, los hermanos también se reunían para animarse mutuamente, demostrando el fuerte vínculo familiar que también marcó la propia infancia de Zidane.

Cuando su hermano mayor, Farid, perdió la batalla contra el cáncer en 2019, Zidane rindió homenaje precisamente a las cualidades que más admiraba de él: "Eras justo, generoso y valiente. Amabas a los demás tanto como ellos te amaban a ti". (Diario AS)

Justicia. Generosidad. Valentía. Compasión.

Ver a sus hijos practicar el deporte que ama y divertirse igual que él se divirtió en su día le aporta a Zidane una sensación de plenitud: un recordatorio de que la pasión que forjó su propia historia sigue viva ahora en la siguiente generación.

Pero la diversión nunca significó falta de esfuerzo. Para Zidane, ambas cosas siempre han ido de la mano.

Como explicó en 2004: "Todos mis hijos son buenos futbolistas. Me encantaría que siguieran una carrera en el deporte. Pero primero tienen que trabajar duro. Eso es lo que yo aprendí". (The Guardian)

Esa combinación de disciplina, humildad y respeto se ha convertido en uno de los pilares de la visión del mundo de Zidane. Su antiguo compañero de selección Christian Karembeu relacionó estas cualidades con su educación: "Hay mucho de su padre en él. Es respetuoso con todo el mundo. Eso es lo que recuerdo de él: no solo con los compañeros y el entrenador, sino también con quienes sirven la comida, con los médicos y con todo el equipo. Ese respeto viene de dentro de su familia. Eso es lo que más le importa". (GQ Middle East)

Si el fútbol le enseñó a Zidane a competir, la familia le enseñó qué límites nunca debían traspasarse.

Había valores que ningún trofeo ni logro podía superar.

Y ninguno de ellos era más importante que el respeto por quienes le rodeaban.

Esta convicción estuvo en el centro del momento más memorable —y también más polémico— de su carrera: la final del Mundial de 2006, cuando Zidane fue expulsado tras propinar un cabezazo al defensa italiano Marco Materazzi.

Años más tarde, se supo que el episodio se produjo después de que Materazzi insultara a la hermana de Zidane. Aunque aceptó la sanción impuesta por la FIFA por su reacción, al francés le costó entender por qué el insulto en sí no recibió una sanción similar. Para él, atacar a la familia era una ofensa mucho más grave: "Hubiera preferido que me dieran un puñetazo en la cara antes que escuchar esas palabras". (The Guardian)

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El episodio puso de manifiesto la importancia que Zidane concedía a la familia. También reveló que los mismos valores que alimentaban su grandeza podían, en momentos de extrema emoción, acarrear consecuencias dolorosas.

"Mi mujer y mis hijos son mi apoyo, son más fuertes que cualquier otra cosa" — Zinedine Zidane

Aun así, esos valores siguieron siendo su mayor fuente de equilibrio.

A pesar de su fama mundial y su extraordinario éxito, Zidane siempre atribuyó a su mujer y a sus hijos el papel de mantenerlo con los pies en la tierra: "Es importante ser uno mismo, pero también entiendo que podemos cambiar cuando estamos bajo los focos y la gente se pasa todo el día diciendo que eres el más guapo y el más fuerte. Todo eso puede desestabilizarte, más aún hoy en día. Afortunadamente, mi mujer y mis hijos son mi apoyo, son más fuertes que cualquier otra cosa". (GQ)

Sobre el cabezazo, Zidane acabó pidiendo perdón, no porque perdonara a Materazzi por lo ocurrido, sino porque sintió que había fallado en el ejemplo que quería transmitir a las próximas generaciones: "Mi actitud fue imperdonable. No fue el gesto adecuado. Lo digo en voz alta porque dos o tres mil millones de personas lo vieron, entre ellas millones de niños. Les pido perdón a ellos y a los profesores, a las personas que tienen que enseñar cómo comportarse correctamente. Tengo hijos y sé cómo es. Siempre les diré que no se dejen llevar y que eviten este tipo de situaciones". (The Guardian)

En todas las etapas de su vida, la familia de Zidane ha sido la base sobre la que se ha construido todo lo demás.

Como él mismo resumió: "Mis padres están siempre en mis pensamientos". (GQ Middle East)

La tercera F: Francia

Si el fútbol moldeó la carrera de Zidane y la familia forjó su carácter, Francia fue el lugar donde ambos elementos se unieron, y donde su historia pasó a la posteridad.

La emblemática bandera tricolor —azul, blanca y roja— ondeando al viento.

La Marsellesa resonando en el Stade de France.

El lema 'Liberté, Égalité, Fraternité' estampado en los edificios de París.

Zinedine Zidane.

Pocas figuras del fútbol han logrado representar la cultura y la identidad de una nación de una forma tan profunda como Zidane. Aun así, su relación con Francia siempre ha sido más compleja de lo que la imagen de héroe nacional podría sugerir.

Nacido en 1972, Zidane creció en los bloques de viviendas del complejo de La Castellane, en Marsella. Sus padres habían emigrado desde el pueblo argelino de Aguemoune, en la región de Cabilia, en 1953, poco antes de la Guerra de Argelia —un conflicto que marcaría la historia de ambos países y culminaría con la independencia argelina tras más de 130 años de dominio colonial francés—.

La Francia en la que nació Zidane distaba mucho de la de las postales y las imágenes turísticas. La Castellane era conocida por sus altos índices de delincuencia y desempleo, incluso dentro de Marsella, una de las ciudades históricamente más problemáticas y vulnerables del país.

A diferencia de muchas otras regiones de Francia, los padres de Zidane no formaban parte de una minoría en La Castellane, donde gran parte de los vecinos también eran de origen inmigrante.

Fue allí donde vio a sus padres trabajar duro todos los días para construir una vida mejor para él y sus hermanos. Fue allí también donde nació su pasión por el fútbol: jugando y viendo partidos en la Place Tartane, la plaza principal del complejo residencial.

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Zidane y los demás niños de la zona jugaban todos los días, organizaban sus propios torneos e incluso entregaban a los ganadores un trofeo de aluminio hecho a mano.

Pero, sobre todo, fue allí donde empezó a formarse su visión de Francia.

"Soy, ante todo, de La Castellane y de Marsella" —Zinedine Zidane

La Francia de Zidane no venía definida por monumentos famosos ni por grandes avenidas, sino por La Castellane: multicultural, resistente y llena de retos, un lugar donde la gente tenía que luchar por las oportunidades y depender unos de otros.

Ese sentimiento de pertenencia le acompañó a lo largo de toda su trayectoria. Incluso cuando ya era una estrella mundial en el Real Madrid, Zidane nunca dejó de valorar el lugar al que llamaba hogar: "Soy, ante todo, de La Castellane y de Marsella. Estoy orgulloso de mis orígenes y nunca olvido a las personas con las que crecí. Vaya donde vaya, La Castellane es adonde quiero volver. Sigue siendo mi hogar. Mi pasión por el fútbol proviene de la propia ciudad de Marsella". (The Guardian)

Ese vínculo influyó en su trayectoria desde el principio. Durante sus primeros años en el Cannes, Zidane solía volver al Stade Vélodrome para ver los partidos del Olympique de Marsella. También pasó sus primeras semanas en el club realizando tareas de limpieza, tras responder a un rival que había hecho comentarios ofensivos sobre sus orígenes.

La Castellane le proporcionó a Zidane resiliencia, espíritu competitivo y las ganas de demostrar que era capaz, cualidades que comparten muchos hijos de inmigrantes que sentían la necesidad de luchar por el reconocimiento: "Es difícil de explicar, pero siento la necesidad de jugar con intensidad todos los días, de luchar con todas mis fuerzas en cada partido. Y esa voluntad de no dejar nunca de luchar es otra cosa que aprendí en el lugar donde crecí. Y, para mí, lo más importante es que sigo sabiendo quién soy. Todos los días pienso de dónde vengo y sigo estando orgulloso de quién soy: primero, un cabilio de La Castellane; después, un argelino de Marsella; y solo entonces, un francés". (The Guardian)

Resulta curioso, pues, que alguien que situaba lo de «francés» en tercer lugar al explicar su propia identidad se haya convertido en una de las figuras francesas más importantes de su generación —quizá de todas—.

Y ese reconocimiento no podría ser más merecido.

A lo largo de 12 años defendiendo a la selección francesa, Zidane disputó 108 partidos con Les Bleus, marcó 31 goles y dio 29 asistencias. Pero su importancia para Francia nunca podría resumirse únicamente en cifras.

Sus mayores logros llegaron precisamente en los escenarios más importantes.

En 2000, fue elegido mejor jugador de la Eurocopa, ayudando a Francia a conquistar su segundo título continental.

Sin embargo, solo dos años antes ya se había ganado un lugar en la historia del deporte francés. Aunque todo el equipo pasó a la historia al conquistar la primera Copa del Mundo de Francia, en casa, fue Zidane —con sus dos goles de cabeza contra Brasil, entonces favorito al título, en la final— quien se convirtió en el principal símbolo de aquella conquista.

Más de un millón de personas salieron a las calles de los Campos Elíseos para celebrarlo, mientras la imagen de Zidane se proyectaba en el Arco del Triunfo con la frase: «Zizou Président». Ese mismo año, recibió la Legión de Honor.

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La celebración representaba algo mucho más grande que el fútbol.

Con banderas de Argelia junto a las de Francia, el triunfo de Zidane pasó a simbolizar una Francia cada vez más multicultural: una Francia en la que los hijos de inmigrantes no solo podían sentirse parte del país, sino también liderarlo en su mayor escenario deportivo.

Fue en ese contexto donde surgió una frase que pretendía representar esa nueva identidad: ya no solo 'Bleu, Blanc, Rouge' (azul, blanco, rojo), sino también 'Black, Blanc, Beur' (negro, blanco, árabe).

En aquel momento, Zidane ya se había convertido en algo más que el mejor jugador de la historia del fútbol francés. Se había transformado en una de las figuras culturales más importantes del país.

En la década de 2000, una encuesta realizada por el periódico Journal du Dimanche eligió a Zizou como el francés más popular de todos los tiempos.

El propio Zidane entendía que su éxito representaba algo mucho más grande que el deporte: "Que todo un país te reconozca es increíble. Es algo enorme. Antes era difícil hablar de ciertos temas, sobre todo si, como yo, procedías de una región complicada o de una familia de inmigrantes. Pero ahora esto demuestra cómo ha cambiado Francia y sigue cambiando. Es un mensaje para todos —políticos, los chicos con los que crecí y los franceses de a pie— sobre lo que se puede lograr". (The Guardian)

Su trayectoria se ha convertido, por sí misma, en un mensaje. El impacto de Zidane ha traspasado las divisiones sociales, las disputas políticas y los antiguos debates sobre el significado de ser francés.

Incluso tras la final del Mundial de 2006, cuando su cabezazo a Materazzi fue considerado por muchos como uno de los momentos decisivos de la derrota francesa, el público no dio la espalda al jugador que les había proporcionado tantas alegrías y que, salvo por ese episodio, fue una de las grandes figuras de aquel torneo.

Las encuestas realizadas por L'Équipe poco después del incidente revelaron que el 61 % de los franceses ya había perdonado a Zidane, mientras que el 52 % afirmó comprender su reacción. Cuando regresó a París, miles de personas se reunieron en la Place de la Concorde para recibirlo, y el entonces presidente Jacques Chirac destacó sus logros.

Para Zidane, esa reacción significaba más que un perdón personal. Demostraba la aceptación de lo que él había llegado a representar: una nueva idea de héroe francés, capaz de unir diferentes orígenes e identidades.

"Estoy muy orgulloso de mi familia y de mis orígenes" — Zinedine Zidane

Aun así, incluso después de convertirse en una de las figuras más destacadas de Francia, Zidane nunca dejó de valorar sus raíces: "Estoy muy orgulloso de mi familia y de sus orígenes. Estoy orgulloso de que sean de Cabilia. Es un lugar especial, y mis raíces allí son importantes para mí". (The Guardian)

Esa conexión se manifestaba no solo en sus palabras, sino también en la forma en que apoyaba a otras personas que se enfrentaban a cuestiones similares sobre la identidad.

Cuando su hijo Luca decidió representar a Argelia a nivel internacional, en lugar de seguir los pasos de sus hermanos y defender a Francia, Zidane apoyó su decisión y estuvo presente para ver sus partidos.

También se convirtió en una fuente de inspiración para jugadores que, como él, necesitaban conciliar diferentes identidades mientras buscaban reconocimiento en Francia.

Un ejemplo es Karim Benzema, ganador del premio Ballon d'Or de 2022, quien se enfrentó a debates similares a lo largo de su carrera y explicó: "Argelia es el país de mis padres y está en mi corazón, pero, en el fútbol, solo voy a jugar con la selección francesa". (Al Jazeera)

Con Zidane como figura de apoyo a lo largo de su trayectoria, Benzema describió a Zizou no solo como una leyenda y una inspiración, sino como un 'hermano mayor'.

Esta descripción lo dice todo.

Muestra cómo los tres pilares que definen a Zidane están constantemente conectados.

El fútbol le proporcionó la plataforma. La familia forjó su instinto de mentor. Francia dotó a ese papel de un significado cultural aún mayor.

Los tres nunca han estado separados. Siempre se han reforzado mutuamente.

Es evidente que su historia también ha tenido momentos de conflicto. Muchos en la extrema derecha siguen cuestionando su identidad francesa, mientras que algunos aficionados argelinos le critican por haberse alejado supuestamente de sus raíces.

Pero es precisamente esa complejidad la que hace que su trayectoria sea tan destacable.

En lugar de elegir una identidad en detrimento de otra, Zidane las abrazó todas, sin dejar de ser, al mismo tiempo, un símbolo de La Castellane, Marsella, Cabilia, Argelia y Francia.

Al redefinir quién podía ser un héroe del fútbol francés, también ayudó a allanar el camino para la generación que le siguió.

Recientemente ha vuelto a circular una antigua entrevista de Kylian Mbappé, de 2011. La futura estrella —hijo de padre camerunés y madre de origen argelino, y hoy uno de los nombres más importantes de la historia de la selección francesa— solo tenía 12 años, pero ya creía que algún día podría escribir su nombre en la historia del fútbol de su país. ¿El motivo?: "Cuando miras la historia, los mejores jugadores franceses eran negros y árabes". (Polígrafo)

Jugadores como Zidane ya habían demostrado que ese camino era posible.

Quizá esa sea su mayor contribución a Francia. No solo los títulos que ganó o los partidos que decidió, sino la inspiración que dejó a quienes vinieron después: la idea de que los niños de lugares como La Castellane también podrían, algún día, convertirse en el rostro de toda una nación.

Zidane, ayer, hoy y siempre

Zinedine Zidane ya ha ganado prácticamente todo lo que hay que ganar en el fútbol.

Aun así, como siempre ha ocurrido a lo largo de su carrera, sigue queriendo más. Nunca se conforma con limitarse a vivir del legado que ha construido, sino que sigue buscando nuevos retos.

Por eso, su nombramiento como seleccionador de Francia resulta tan simbólico. El jugador que le dio al país el mayor título de su historia tendrá ahora la oportunidad de ayudar a construir el futuro de la selección desde la banda.

A su lado estarán los tres pilares que siempre han definido su trayectoria: el amor por el fútbol, la dedicación a la familia y el orgullo por una Francia moderna y multicultural.

Juntos, explican no solo la carrera que Zidane ha forjado, sino también la persona en la que se ha convertido.

Conectan el pasado, el presente y el futuro de Zizou.

Por eso, al recibir el premio «Ballon d'Or» de 1998, Zidane decidió llevar a su abuelo a la ceremonia: una forma de rendir homenaje a sus raíces, su historia y los orígenes que nunca olvidó.

Por eso también, 24 años después, fue él quien entregó ese mismo premio a Karim Benzema, celebrando no solo el éxito de un compatriota, sino también la influencia y el legado que han ayudado a inspirar a una nueva generación.

El ciclo parece haberse cerrado.

Al principio de esta historia solo había un chico conocido por muchos por su segundo nombre, Yazid, al que simplemente le encantaba el fútbol. Hijo de inmigrantes, que creció junto a otros niños de familias inmigrantes y jugaba al balón siempre que tenía oportunidad, no tenía ni idea de que un día se convertiría en sinónimo no solo del deporte que amaba, sino también del país al que representaría.

«Nunca soñé con tener esta carrera cuando era niño. Solo era un chico al que le encantaba el fútbol. Nada más. Los sueños vinieron después». (GQ Middle East)