Antes de leer sobre la extraordinaria trayectoria de este jugador, ¿por qué no haces nuestro cuestionario para comprobar qué tan bien recuerdas la temporada 2025/26 de Ousmane Dembélé…

¿Qué ocurre cuando el sueño de toda una vida se vuelve en contra? ¿Cómo reacciona un jugador cuando los grandes elogios con los que se le ha colmado toda su vida se convierten de repente en críticas?

Cuando Ousmane Dembélé fichó por el Barcelona en 2017, por un importe total de 135,5 millones de libras, incluyendo complementos, se le exigía grandeza.

Los medios de comunicación de todo el mundo hacían cola para fotografiarlo y entrevistarlo. Un público catalán entusiasmado quería tocarlo y venerarlo.

Cuando se marchó, seis años después, se le consideraba un jugador desgastado y propenso a las lesiones. Un jugador que había prometido tanto y que, al final, había aportado tan poco.

Posteriormente, su fichaje por el PSG en el verano de 2023 recibió una cobertura mediática cuatro veces menor, ya que la atención se centró en cosas más nuevas y brillantes.

Entonces, ¿cómo afronta un jugador algo así? ¿Pasar de ser aclamado como futuro ganador de la «Ballon d’Or» a encontrarse de nuevo al pie de la montaña?

En el caso de Dembélé fue sencillo. Sacó a relucir una fuerza interior que tenía sus raíces en las calles de La Madeleine.

La aclamación

La Madeleine, un barrio de las afueras de Évreux, era un barrio duro. Un barrio pobre.

Desde muy joven, Dembélé se mantuvo alejado de los problemas jugando al fútbol, sobre todo en una jaula de acero instalada frente a su bloque de pisos. Allí perfeccionó toda una serie de regates, entre los que destaca un «gancho por dentro» en el que fingía disparar para luego recortar hacia dentro.

Los niños que juegan allí hoy en día lo llaman el 'movimiento Dembouz'.

Mientras regateaba a rivales diez años mayores que él, les decía a sus amigos que iba a ser un gran jugador. El fútbol era su vía de escape. Una forma de escapar de una vida dura. Años más tarde, recordaba su infancia diciendo…

"Un niño que crece en esos barrios, en un entorno concreto, no tiene los mismos problemas que uno que ha crecido en una familia acomodada".

A los 12 años fichó por el Évreux FC 27, un club de la séptima división del fútbol francés, y poco después el Rennes llamó a su puerta. Su oportunidad. Su gran ocasión.

Se puede decir que Dembélé supo aprovechar su oportunidad.

En su primera y única temporada con los 'Rojo y Negro' -tras destacar como goleador en las categorías inferiores-, marcó 12 goles en la Ligue 1 y cuajó un número suficiente de actuaciones fascinantes como para llamar la atención del Borussia Dortmund.

En mayo de 2016 ya había dado el salto a la Bundesliga.

Pero no por mucho tiempo, ya que sus seis goles y 13 asistencias con los prusianos le valieron el reconocimiento más allá de Alemania y le auparon a la categoría de «niño prodigio».

Su director deportivo en el Rennes era Mikaël Silvestre, un antiguo compañero de Cristiano Ronaldo en el Manchester United.

Impresionado por el adolescente, Silvestre afirmó desde el principio que Dembélé estaba destinado a convertirse en un igual de Ronaldo, un cumplido que el joven jugador acogió con humildad, pero con una salvedad.

Para Dembélé, Lionel Messi era el mejor de todos los tiempos. Su inspiración y su objetivo. Y su admiración por el argentino forjó un sueño que llevaba mucho tiempo acariciando: jugar en el Barcelona.

El tropiezo prolongado

El traspaso del delantero al fichar por los blaugranas lo convirtió en el segundo jugador más caro del mundo y, de hecho, venía a sustituir al más caro.

Dos semanas antes, Neymar había abandonado Cataluña para fichar por el PSG por 222 millones de euros.

Con unas botas tan grandes y mágicas que llenar, la presentación del francés en su nuevo club no fue precisamente auspiciosa: los nervios pudieron con Dembélé cuando intentó hacer malabares con el balón al entrar en el Camp Nou. Tal era el revuelo mediático que acompañó a su fichaje, que su incapacidad para controlar el balón se convirtió en noticia de portada.

Luego, casi nada más comenzar su etapa en España, llegaron las lesiones. Un problema en el tendón de la corva. Un desgarro muscular. El delantero se estancó antes incluso de poder coger impulso.

En la temporada 2019/20, una sucesión de lesiones le llevó a ser titular en solo cuatro partidos de La Liga. A esto se sumó su fallo en la Liga de Campeones de la temporada anterior, en la que desperdició una oportunidad de oro para asegurar el pase del Barcelona a la final.

En total, Dembélé sumó 82 participaciones en goles en 185 partidos con el gigante español, un balance respetable, y sin duda hubo destellos de excelencia, sobre todo bajo las órdenes de Xavi.

Sin embargo, es innegable que el fervor que acompañó a su ascenso se había enfriado.

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El renacimiento

Y así llegó al PSG, sede del campeón de Francia, donde volvió a llegar justo cuando se marchaba Neymar, con los traspasos cerrados con pocos días de diferencia.

"¡Quiero ganar títulos! Para que los aficionados y la ciudad se sientan orgullosos".

Así se expresó Dembélé al incorporarse al equipo parisino, y lo que quedaba claro por la amplia sonrisa que lucía en el rostro era que había recuperado las ganas. Su entusiasmo y su pasión.

Además, ahora estaba casado y tenía un hijo, acontecimientos trascendentales que le habían cambiado para mejor. Sus compañeros del Barcelona, en su última etapa allí, habían insinuado que había madurado. Que se había vuelto más responsable.

Como prueba de ello, Dembélé había contratado recientemente a un nutricionista. Comía bien. Vivía bien. Entrenaba bien.

De hecho, al reconocer esto, surge una profunda ironía. Y es que, cuando Dembélé era un niño, se le idolatraba, pero era demasiado joven para gestionar adecuadamente tal aclamación. Ahora era un hombre, lo suficientemente maduro como para afrontar cualquier cosa que se le presentara, pero las expectativas se habían rebajado.

A pesar de todo, el delantero no tardó en cambiar esa situación.

En su primera temporada en la Ligue 1 sumó 10 asistencias, desmontando así el arraigado prejuicio de que su juego podía ser demasiado egoísta.

En su segunda temporada, sencillamente se desató, sumando 51 participaciones en goles en todas las competiciones, la cuarta cifra individual más alta de Europa.

Como pieza clave de un trío ofensivo en el que también destacaban Khvicha Kvaratskhelia y Désiré Doué, el PSG se alzó con otro título de liga antes de conseguir, por fin, su primera Champions League. Dembélé marcó ocho goles en esa competición y dio dos asistencias en la final.

En diciembre de ese año llegó el momento que confirmó y culminó su extraordinario renacimiento.

En una fastuosa ceremonia celebrada en el Théâtre du Châtelet de París, el jugador subió al escenario para recoger el 69.º «Ballon d'Or» de France Football.

Desde los amigos de la infancia en aquella jaula de acero, pasando por los entrenadores, hasta el presidente del Barcelona, Joan Laporta —quien en su día insistió en que era «mejor que Mbappé»—, siempre se creyó que Ousmane Dembélé acabaría conquistando el mundo.

Le costó una serie de tropiezos públicos y prolongados, pero lo consiguió en el plazo previsto.

Estadísticas de Ousmane Dembélé en el PSG

  • 2023/24: 42 partidos, 5 goles, 14 asistencias

  • 2024/25: 52 partidos, 35 goles, 16 asistencias

  • 2025/26: 40 partidos, 20 goles, 11 asistencias