Cuando Andrée Jeglertz tomó las riendas del Manchester City de cara a la temporada 2025/26, aportaba más de dos décadas de experiencia como entrenador al más alto nivel.

Sin embargo, lo que realmente distinguía a este entrenador sueco de 53 años no era un dogmatismo táctico rígido, sino su compromiso con una filosofía discreta y empática: liderar escuchando.

Una base construida sobre la conexión humana

Formado inicialmente como profesor de escuela, Jeglertz se sintió atraído desde muy temprano por la dinámica entre las personas.

Al combinar su pasión por la enseñanza con el fútbol, la transición al mundo del entrenamiento le resultó totalmente natural a un jugador que siempre había asumido roles de liderazgo sobre el terreno de juego.

Fuera del campo, una vida familiar dedicada junto a su esposa Ulrika y sus hijos Cornelia y Adam le proporcionó una base sólida que moldeó su perspectiva a lo largo de todas las etapas de su carrera.

Su trayectoria como entrenador cobró un gran impulso en el norte de Suecia con el Umeå IK, donde se alzó con la famosa Copa de la UEFA Femenina en 2004 con una plantilla en la que destacaba la leyenda brasileña Marta, antes de llevar al equipo a nuevas finales europeas en 2007 y 2008, además de cuatro títulos de liga suecos.

A continuación, se sucedieron otras etapas tanto en Suecia como a nivel internacional, entre las que destacan su paso por el equipo masculino del Djurgårdens IF, su labor al frente de la selección femenina de Finlandia en la Eurocopa 2013 —lo que le valió el premio al Entrenador del Año en Finlandia en 2012— y, posteriormente, su dirección de la selección nacional de Dinamarca.

Empoderamiento y equilibrio emocional en el City

Tras incorporarse al Manchester City con un contrato de cuatro años tras la Eurocopa de 2025, Jeglertz se hizo cargo de una plantilla llena de talento y ansiosa por recuperar su lugar en lo más alto de la Superliga Femenina.

En lugar de imponer un sistema inflexible, Jeglertz introdujo libertad y flexibilidad tácticas, animando a las jugadoras a sacar el máximo partido a sus puntos fuertes individuales y a asumir directamente la responsabilidad de resolver los problemas sobre el terreno de juego.

Un elemento central de su enfoque es un exhaustivo proceso de preparación, que incluye 'análisis de riesgos' detallados para cada rival, junto con sesiones grupales abiertas en las que las jugadoras comparten activamente ideas tácticas y objetivos personales.

Es fundamental destacar que Jeglertz actúa como un punto de referencia emocional para la plantilla: mantiene una actitud serena y pragmática tanto al celebrar una victoria como al recuperarse de una derrota.

Esa cultura tranquilizadora, serena y colaborativa dio sus frutos de inmediato. Al fomentar un alto nivel de confianza, claridad y adaptabilidad, Jeglertz convirtió al Manchester City en una fuerza cohesionada, culminando una transformación extraordinaria y situando de nuevo al club en la cima del fútbol femenino.