El cuarto obstáculo en el camino hacia el sexto título
El lunes, en el NRG Stadium de Houston, Brasil y Japón saltarán al campo para disputarse una plaza en los octavos de final del Mundial de 2026.
Será un capítulo más de una historia que ya cuenta con 14 enfrentamientos entre ambas selecciones.
Como antesala de este duelo, conviene recordar los enfrentamientos anteriores y comprender cómo el pentacampeón del mundo y los gigantes del este asiático han forjado esta rivalidad hasta llegar al encuentro de este año.
El primer capítulo: Río de Janeiro, 1989
El primer partido entre Brasil y Japón tuvo lugar hace casi 40 años, el 23 de julio de 1989.
En aquella época, la liga japonesa aún era semiprofesional, aunque el país ya estaba dando pasos importantes hacia la profesionalización del fútbol, algo que se haría realidad unos años más tarde. La selección también estaba formada, en gran parte, por jugadores aficionados, y este deporte aún estaba lejos de alcanzar la popularidad del sumo y el béisbol. Hasta entonces, el mayor logro del fútbol japonés había sido la medalla de bronce conseguida en los Juegos Olímpicos de 1968.
En Brasil, el panorama era muy diferente. El fútbol ya era profesional desde la década de 1930, y el país se había consolidado como una de las grandes potencias de este deporte, tanto a nivel de clubes como de selección, que ya contaba con tres títulos mundiales: 1958, 1962 y 1970.
Por eso, mucha gente esperaba una goleada cuando Japón viajó a Río de Janeiro para enfrentarse a Brasil por primera vez, en el estadio São Januário.
El resultado, sin embargo, distó mucho de ser una goleada. Brasil ganó por un escaso 1-0, gracias a un certero remate de cabeza de Bismarck, en el minuto 74, tras un centro de Cristóvão Borges.
Además de ser el primer encuentro entre ambos países, el partido también supuso uno de los primeros capítulos de la trayectoria de Cláudio Taffarel en la selección. El portero había debutado apenas un año antes y, a partir de entonces, se convertiría en uno de los grandes ídolos de la era moderna de la 'Amarelinha', con más de 100 partidos disputados, dos títulos de la Copa América y un papel decisivo en la conquista del Mundial de 1994.
Taffarel guarda buenos recuerdos de aquel día: "Tengo un buen recuerdo. Era mi debut con la selección absoluta, en un partido amistoso “extraño”, por así decirlo, al jugar contra Japón en Brasil. [...] Es muy gratificante tener ese recuerdo". (CBF TV)
La Umbro Cup: Liverpool, 1995
Pasaron algunos años hasta que Brasil y Japón volvieron a enfrentarse.
El reencuentro tuvo lugar el 6 de junio de 1995, en la denominada Umbro Cup. El torneo amistoso internacional estaba patrocinado por la marca deportiva, entonces proveedora de la selección inglesa, y servía como una especie de ensayo para la Eurocopa de 1996. Los partidos se disputaron en diferentes estadios de Inglaterra.
Recién coronada como tetracampeona del mundo, la selección brasileña de Mário Zagallo participó en la competición y acabó llevándose el título, superando a Inglaterra, Suecia y Japón.
La victoria por 3 a 0 sobre los japoneses fue mucho más el tipo de dominio que se esperaba del primer partido entre ambos países, unos años antes.
A pesar de la ausencia de Romário y Bebeto, Brasil ofreció un auténtico espectáculo ante más de 29 000 aficionados bajo la lluvia en Goodison Park, el estadio del Everton, en Liverpool.
La expectación por ver a los campeones del mundo era tan grande que el partido comenzó con 15 minutos de retraso. El público tardó en entrar en el estadio, y la directiva del Everton informó de que unas 3.000 personas no pudieron llegar a tiempo.
A los seis minutos de partido, Roberto Carlos abrió el marcador por todo lo alto. Tras recibir un pase de Ronaldo, arrancó a toda velocidad y remató raso para marcar un golazo.
Los otros dos goles brasileños llegaron en la segunda parte, ambos marcados por Zinho, que en aquella época jugaba en el Yokohama Flügels, de Japón.
El más bonito de ellos surgió de un centro de Juninho Paulista. El balón rebotó en el defensa Masami Ihara y le quedó a Zinho, que conectó una magnífica volea.
A pesar de la derrota por tres goles, Japón fue elogiado por su actitud en el campo, buscando el ataque hasta el final y sin replegarse defensivamente en ningún momento.
El delantero Kazu Miura prefirió destacar la lección aprendida del partido: "El nivel técnico de los brasileños era muy alto. Cuando intentábamos hacerles un tacle, nuestro tiempo de reacción no era el mejor y nos dejaban atrás. Pero, si nos enfrentamos a equipos con tanta experiencia como este, en el futuro tendremos más posibilidades de conseguir buenos resultados". (Cayman Compass)
El hecho de que Zinho jugara en el fútbol japonés en aquella época no fue una mera coincidencia.
De hecho, formaba parte de una tendencia que tenía un punto de partida muy definido.
En 1991, Zico, ya consagrado como una de las mayores leyendas del fútbol brasileño, sorprendió al salir de su retiro, a los 38 años, para defender los colores del Sumitomo Metals, un club de la ciudad de Kashima que competía en la segunda división japonesa y soñaba con asegurarse una plaza en la J1 League, la primera liga totalmente profesional del país, que se estrenó oficialmente en 1993.
Al igual que hizo con el Flamengo y con la selección brasileña, Zico se convirtió también en máximo goleador en Japón. El Sumitomo Metals logró rápidamente el ascenso a la élite y pasó a llamarse Kashima Antlers.
La llegada de Zico se considera uno de los momentos más importantes de la historia del fútbol japonés, ya que fue fundamental para la creación de la liga profesional y para la popularización de este deporte en el país.
La experiencia tuvo tanto éxito que, en los años siguientes, varios cracks brasileños cruzaron el océano para jugar en Japón.
La goleada en suelo japonés: Tokio, 1995
La influencia fue tan grande que, cuando Brasil y Japón se enfrentaron por tercera vez —apenas dos meses después de ese segundo encuentro—, la selección brasileña saltó al campo con un récord de siete jugadores que militaban en el fútbol japonés: el portero Gilmar (Cerezo Osaka); los defensas Ronaldão (Shimizu S-Pulse) y Jorginho (Kashima Antlers); y los centrocampistas César Sampaio (Yokohama Flügels), Dunga (Júbilo Iwata), Leonardo (Kashima Antlers) y Zinho (Yokohama Flügels).
Era el 9 de agosto de 1995, un día de intenso calor en el Estadio Nacional de Tokio y el 64.º cumpleaños del legendario entrenador Mário Zagallo. Sobre el terreno de juego, Brasil logró una victoria aún más contundente que en el encuentro anterior y goleó a Japón por 5 a 1.
El primer gol de la 'Amarelinha' llegó tras una jugada desafortunada del portero Nobuyuki Kojima, que acabó marcando un gol en propia puerta tras un saque de esquina lanzado por Jorginho. Pocos minutos después, Edmundo amplió la ventaja brasileña.
Sin embargo, nada más comenzar la segunda parte, Japón pasó a la historia. Tras interceptar un pase erróneo de Edmundo, Kazuyoshi Miura inició la jugada que terminó en los pies de Masahiro Fukuda. El delantero remató con la derecha y marcó el primer gol japonés contra la selección brasileña.
El gol, sin embargo, no desconcertó a los cuatro veces campeones del mundo. Brasil volvió a marcar tres veces más antes del pitido final, con goles de Leonardo, César Sampaio —que marcó por primera vez con la camiseta de la selección— y, por último, Sávio.
A pesar de la cómoda victoria, algunos jugadores brasileños no escatimaron críticas hacia la actuación japonesa tras el partido.
Dunga calificó a los japoneses de "inocentes" y afirmó que al equipo le faltaba más "astucia".
Careca fue aún más duro: "Esto ni siquiera ha sido un entrenamiento; ha sido un partido de amigos. Aquí se creen muy importantes, pero tienen mucho que aprender". (Folha de São Paulo)
Aunque el enfrentamiento entre Brasil y Japón en los Juegos Olímpicos de 1996 no figura en la lista de duelos oficiales entre las selecciones absolutas —ya que se disputó entre equipos sub-23—, ocupa un lugar importante en la historia del fútbol de ambos países.
En lo que se conoció como el «Milagro de Miami», la selección olímpica japonesa, que llevaba 28 años sin participar en unos Juegos Olímpicos, derrotó a Brasil por primera vez: 1-0.
La selección brasileña llegaba como una de las favoritas al oro, con una generación repleta de talentos como Rivaldo, Ronaldo, Bebeto y Roberto Carlos. Pero acabó sorprendida cuando el centrocampista Teruyoshi Ito, que entonces solo tenía 21 años, marcó el gol de la victoria japonesa y protagonizó una de las mayores sorpresas de la historia del torneo.
Años más tarde, el propio Dunga —que en 1995 había calificado a los japoneses de «inocentes» en tono de superioridad— pareció revisar su opinión: "La actual generación de jugadores japoneses es excelente porque tiene iniciativa propia y es capaz de sorprender. Ya no se someten a cualquier orden. Ya no están atados a la cultura japonesa de la obediencia y la disciplina y, por eso, se han vuelto más creativos y peligrosos". (Folha de São Paulo)
El tenso duelo: Osaka, 1997
Aun así, las declaraciones de Dunga y Careca en 1995 dejaron cierto resentimiento entre las aficiones de ambos países. Por eso, cuando las selecciones absolutas volvieron a enfrentarse, el 13 de agosto de 1997, en el Estadio Nagai de Osaka, el partido amistoso tuvo muy poco de amistoso.
Las aficiones brasileña y japonesa se enfrentaron durante todo el partido, y dos intrusos llegaron incluso a saltar al campo —uno de ellos enarbolando con orgullo una bandera de Brasil—. Tras el pitido final, la tensión continuó y la policía tuvo que intervenir para separar a las aficiones.
En medio de ese ambiente hostil, también hubo un breve momento de cariño. Leonardo fue aplaudido por la afición japonesa, que aún guardaba buenos recuerdos de su paso de dos años por el Kashima Antlers. Al ser sustituido en el minuto 27 de la segunda parte, el centrocampista correspondió a ese cariño lanzando sus botas a las gradas.
Sobre el terreno de juego, sin embargo, el guion fue similar al de los encuentros anteriores: otra victoria contundente de Brasil, esta vez por 3-0. El centrocampista Flávio Conceição, entonces en el Deportivo de La Coruña, marcó los dos primeros goles del partido, mientras que el defensa Júnior Baiano, del Flamengo, cerró el marcador con un remate de cabeza.
La nueva etapa japonesa: Tokio, 1999
El regreso de Brasil al Estadio Nacional de Tokio, el 31 de marzo de 1999, terminó con otra victoria sobre Japón. En esta ocasión, la Seleção se impuso por 2-0, con goles de Márcio Amoroso y Emerson.
Aunque el resultado ya resultaba familiar, los brasileños empezaban a darse cuenta de la rápida evolución del fútbol japonés y de los talentos que el país estaba revelando, entre ellos el centrocampista ofensivo Hidetoshi Nakata, que entonces tenía 22 años.
Nakata, estrella del Perugia italiano, había sido convocado por primera vez para el «Ballon d'Or» el año anterior y ya se le consideraba la principal referencia técnica de Japón.
Antes del partido, el seleccionador brasileño Vanderlei Luxemburgo se encargó de destacar las cualidades del jugador: "Nakata es inteligente y tiene mucha técnica. Vamos a prestar especial atención a sus movimientos". (Folha de São Paulo)
Al final, Nakata no marcó ningún gol, pero la declaración de Luxemburgo simbolizaba un cambio de actitud de Brasil respecto a Japón. El país asiático ya no se consideraba solo una selección nueva en desarrollo, sino una potencia emergente que merecía respeto en el panorama internacional.
El encuentro en la Copa de Confederaciones: Kashima, 2001
El primer encuentro entre Brasil y Japón en una competición oficial tendría lugar poco más de dos años después, en el Kashima Soccer Stadium, el 4 de junio de 2001, en la fase de grupos de la Copa de las Confederaciones.
El torneo se disputó en Corea del Sur y Japón y sirvió como prueba para el Mundial del año siguiente, que organizarían esos mismos dos países.
Tras años de clara superioridad en los partidos amistosos, Brasil no logró repetir su dominio cuando el partido se disputaba por puntos. El encuentro terminó en empate a 0-0.
Al término de la fase de grupos, Japón pasó a la siguiente ronda en primera posición, mientras que Brasil quedó segundo.
Aunque Francia, entonces campeona del mundo, alzó el trofeo al final de la competición, sería Brasil quien volvería a sonreír en el Mundial de 2002, conquistando su quinto título precisamente en suelo japonés, en el Estadio Internacional de Yokohama.
El reencuentro en la Copa de las Confederaciones: Colonia, 2005
El siguiente encuentro entre Brasil y Japón tuvo lugar en otra edición de la Copa de las Confederaciones, esta vez el 22 de junio de 2005, en el RheinEnergieStadion de Colonia. El torneo servía como preparación para el Mundial de 2006, que se disputaría en Alemania.
Una vez más, Brasil no logró mantener su historial de dominio sobre los japoneses y el partido terminó en empate a 2-2.
Los goles de Japón los marcaron Shunsuke Nakamura y Masashi Oguro. Por su parte, los brasileños marcaron en un curioso intercambio de favores: primero, Ronaldinho asistió a Robinho para que marcara; después, fue el turno de Robinho de asistir a Ronaldinho.
A pesar del empate, solo Brasil pasó a semifinales, gracias a su mejor diferencia de goles. La Seleção terminó segunda del grupo, por detrás de México, mientras que Japón quedó tercero.
El resultado fue especialmente amargo para los japoneses porque se les había anulado un gol, privándoles de lo que podría haber sido una victoria histórica sobre Brasil.
La «Amarelinha» acabaría conquistando el título unos días después, y Adriano —nominado en dos ocasiones al premio 'Ballon d'Or' — fue elegido mejor jugador del torneo. Sin embargo, la campaña brasileña en el Mundial del año siguiente sería mucho menos brillante.
La noche del Mundial: Dortmund, 2006
Y fue precisamente en el Mundial de 2006 cuando ambas selecciones volvieron a enfrentarse.
El duelo tuvo lugar el 22 de junio en el Westfalenstadion de Dortmund, en la tercera y última jornada de la fase de grupos.
Curiosamente, tanto en el enfrentamiento de 2005 como en el de 2006, el seleccionador de Japón era nada menos que Zico, la leyenda brasileña que se había convertido en uno de los mayores iconos de la historia del fútbol japonés.
Antes del partido, el exjugador decidió no revelar la alineación a la prensa y solo se la comunicó a los jugadores la tarde anterior al encuentro, convencido de que el factor sorpresa podría darle alguna ventaja estratégica frente a Brasil.
No salió bien.
Aunque Japón se adelantó en el marcador con un gol de Keiji Tamada en el minuto 34, los «Samuráis Azules» acabaron sufriendo una derrota por 4 a 1. Ronaldo marcó dos goles, mientras que Juninho Pernambucano y Gilberto completaron la goleada brasileña.
Fue una noche de sentimientos encontrados para Zico, dividido entre dos países que ocupan un lugar especial en su vida. Cuando se le preguntó antes del partido si cantaría el himno brasileño junto a los jugadores de la selección, respondió con una declaración que resume bien este dilema: «En cualquier circunstancia, canto y me emociono con el himno. Pero todo se acaba en el momento en que rueda el balón». (Folha de São Paulo)
Brasil terminó la fase de grupos en primera posición, mientras que Japón quedó en última posición y fue eliminado. La «Amarelinha» también acabaría despidiéndose del torneo de forma frustrante, al caer ante Francia en cuartos de final.
El espectáculo brasileño: Breslavia, 2012
Tendrían que pasar seis años hasta que Brasil y Japón volvieran a enfrentarse sobre el terreno de juego.
El reencuentro tuvo lugar en un partido amistoso disputado el 16 de octubre de 2012 en el Estadio Municipal de Wrocław, en la ciudad polaca del mismo nombre.
El estadio se había construido especialmente para la Eurocopa de 2012, pero pasó a utilizarse muy poco tras el torneo. Dado que la obra había resultado muy costosa, la celebración de partidos amistosos internacionales se consideraba una forma de dar vida al recinto.
El día del partido, sin embargo, la asistencia fue tan inferior a lo esperado que, para evitar un gran perjuicio económico para la ciudad, los colegios locales permitieron a sus alumnos asistir al encuentro. Aun así, las gradas estaban lejos de estar llenas cuando Brasil y Japón se enfrentaron por novena vez.
Sin dejarse afectar por el ambiente poco entusiasta, Brasil ofreció un gran espectáculo bajo la dirección del seleccionador Mano Menezes y ganó por 4 a 0.
Sin un delantero centro fijo, el ataque brasileño funcionó de forma fluida y dinámica, con un cuarteto formado por Kaká, Neymar, Oscar y Hulk.
Neymar marcó dos goles, Kaká anotó uno y Paulinho completó la goleada.
El resultado supuso un respiro para Menezes, que venía sometido a una gran presión tras una racha de actuaciones y resultados decepcionantes.
Y el rival distaba mucho de ser el eterno perdedor de décadas anteriores. Japón llegaba en racha, con una generación de talento liderada por nombres mundialmente conocidos, como Keisuke Honda y Shinji Kagawa, y venía de ganar por 1-0 a Francia en su anterior partido amistoso.
La victoria en casa: Brasilia, 2013
Menos de un año después, el 15 de junio de 2013, las dos selecciones volvieron a enfrentarse, esta vez en territorio brasileño.
El duelo tuvo lugar en el Estadio Mané Garrincha, en Brasilia, en la jornada inaugural de la Copa de las Confederaciones.
Al final, la victoria brasileña fue relativamente cómoda. La selección marcó dos goles fulminantes: uno a los tres minutos de la primera parte, obra de Neymar, y otro a los tres minutos de la segunda parte, obra de Paulinho.
Ya en el tiempo añadido, Jô, del Atlético Mineiro —convocado a toda prisa tras la lesión de Leandro Damião— aprovechó la oportunidad para marcar el suyo y cerrar el marcador en 3-0.
Brasil, anfitrión del torneo, terminó líder del grupo, mientras que Japón quedó en última posición.
Días más tarde, la 'Amarelinha' se alzaría con el título de la Copa de las Confederaciones, y Neymar sería elegido mejor jugador del torneo.
El espectáculo de Neymar: Kallang, 2014
Dos años después, Brasil volvió a golear a Japón, esta vez por 4-0.
El partido se disputó el 14 de octubre de 2014 en el entonces recién inaugurado Estadio Nacional de Singapur, en Kallang, y atrajo a la mayor asistencia de público a un partido de fútbol en el país en más de cinco años.
Los más de 51 000 aficionados presentes tuvieron el privilegio de presenciar una actuación estelar de Neymar.
A sus 22 años, el astro atravesaba una gran racha en el Barcelona, donde ya llevaba brillando cerca de un año y medio. Sin embargo, llevaba tres meses sin vestir la camiseta de la selección, desde la lesión de espalda que sufrió en el Mundial de 2014, tras una entrada del colombiano Juan Camilo Zúñiga.
A pesar de llevar tanto tiempo alejado de la 'Amarelinha', Neymar regresó con muchas ganas de demostrar su valía.
Y vaya si lo demostró.
El número 10 marcó los cuatro goles de Brasil: dos con la pierna derecha, uno de primera y otro de cabeza.
Su actuación también tuvo un significado especial en términos estadísticos. Con esos cuatro goles, Neymar alcanzó los 40 goles en total con la selección. Hoy, más de una década después, esa cifra ya ha ascendido a 79, marca que lo convierte en el máximo goleador de la historia de Brasil.
Al repasar la alineación de aquella noche, algunos nombres también llaman la atención en retrospectiva, como el del lateral derecho Mário Fernandes, que solo dos años después pasaría a defender la selección de Rusia.
La primera prueba de Tite: Lille, 2017
El siguiente encuentro entre brasileños y japoneses tuvo lugar el 10 de noviembre de 2017, en un partido amistoso disputado en el Stade Pierre-Mauroy, en Lille.
Era la primera vez que la selección brasileña jugaba en la famosa ciudad del norte de Francia.
El entonces seleccionador Tite aprovechó el partido para observar diferentes opciones de plantilla y evaluar qué jugadores podrían ganarse un puesto en la convocatoria para el Mundial de 2018.
El resultado fue otra victoria brasileña, esta vez por 3 a 1.
Neymar abrió el marcador con un penalti, pero se le negó la oportunidad de volver a marcar minutos después, cuando el portero japonés Eiji Kawashima detuvo su segundo lanzamiento de la noche.
Aun así, otros nombres destacaron para decidir el partido. Marcelo marcó con un disparo con la derecha, tradicionalmente su pierna más débil, y Gabriel Jesús también vio puerta antes del descanso.
Ya en la segunda parte, el defensa Tomoaki Makino recortó distancias para Japón con un remate de cabeza.
El portero Cássio, del Corinthians, que debutaba con la selección, fue criticado por no poder detener el remate. Aun así, su actuación no le impidió entrar en la lista de convocados de Tite para el Mundial de 2018.
La segunda prueba de Tite: Tokio, 2022
El 6 de junio de 2022, Tite volvió a utilizar un partido amistoso como prueba para evaluar opciones antes de un Mundial, en esta ocasión, la edición que se disputaría a finales de ese año en Catar.
En un partido mucho más igualado que muchos de los enfrentamientos anteriores entre ambas selecciones, Brasil venció a Japón por 1-0 en el Estadio Nacional de Tokio. El gol llegó de penalti, transformado por Neymar en el minuto 77.
La remontada histórica: Tokio, 2025
Ya el año pasado, Brasil y Japón volvieron a enfrentarse por decimocuarta y última vez, en un partido amistoso en el Estadio Ajinomoto, también en Tokio. Al igual que había hecho Tite antes de los Mundiales de 2018 y 2022, el nuevo seleccionador de Brasil, Carlo Ancelotti, aprovechó el partido para probar a diferentes jugadores y ajustar el equipo de cara al Mundial que se está disputando.
El partido acabó pasando a la historia.
Brasil comenzó mejor y llegó al descanso ganando por 2 a 0, con goles del lateral derecho Paulo Henrique, del Vasco, y del extremo Gabriel Martinelli, del Arsenal.
En la segunda parte, todo cambió.
En una remontada increíble, Japón no se rindió, mantuvo la posesión del balón y marcó tres goles, dando la vuelta al marcador y asegurándose una victoria por 3-2 —la primera en la historia de la selección japonesa sobre la selección absoluta de Brasil—.
Los goles japoneses los marcaron tres jugadores diferentes: Takumi Minamino, a los siete minutos de la segunda parte; Keito Nakamura, diez minutos después; y Ayase Ueda, en el minuto 26, completando la remontada.
La derrota fue muy amarga para los aficionados brasileños, pero el contexto también ayuda a explicar el resultado.
Ancelotti se encontraba claramente en una fase de pruebas, realizando cambios en la alineación y valorando alternativas de cara al torneo. Además, los errores individuales influyeron directamente en el marcador: un pase erróneo del defensa Fabrício Bruno, del Cruzeiro, acabó propiciando el gol de Minamino, y el disparo de Nakamura se desvió en el propio defensa antes de entrar. Su actuación acabó perjudicando sus opciones de ser convocado para el Mundial, del que finalmente quedó fuera. En cuanto al tercer gol japonés, el portero Hugo Souza, del Corinthians, también fue criticado por no poder detener el cabezazo de Ueda, una jugada que pudo haber contribuido a su ausencia en la lista definitiva para el Mundial.
Aun así, Ancelotti consideró el partido como una lección importante para la selección: "Lo que tenemos que evaluar es la reacción del equipo tras el primer error, que no fue buena porque perdimos un poco el equilibrio en el campo. Es una buena lección para el futuro. Es un proceso, y en el Mundial tenemos que mantener el equilibrio". (ESPN)
El próximo capítulo: Houston, 2026
Entonces, ¿en qué punto nos deja todo esto antes del enfrentamiento entre Brasil y Japón el lunes en Houston?
Pues bien, a pesar de la victoria japonesa a finales del año pasado, se puede afirmar con seguridad que llegan al partido con menos presión sobre sus hombros que Brasil.
La «Amarelinha» ocupa actualmente el quinto puesto en la clasificación de la FIFA, mientras que Japón —la selección asiática mejor clasificada— ocupa el puesto 17.
La plantilla brasileña cuenta con siete jugadores que ya han sido nominados al premio Ballon d'Or: Alisson, Marquinhos, Casemiro, Fabinho, Neymar, Raphinha y Vinícius Júnior. Al frente del equipo está Carlo Ancelotti, uno de los entrenadores más laureados de la era moderna y ganador del Trofeo Johan Cruyff en 2024.
A lo largo de la historia, Brasil siempre ha tenido una fuerte presencia en estos premios. El país cuenta con cuatro ganadores del Ballon d'Or: Ronaldo (1997 y 2002), Rivaldo (1999), Ronaldinho (2005) y Kaká (2007).
Por su parte, la selección japonesa no cuenta con ningún jugador de la generación actual nominado al premio. En total, solo dos japoneses han sido nominados en esta competición: Hidetoshi Nakata (1998, 1999 y 2001) y Shunsuke Nakamura (2007).
Brasil es el país más laureado de la historia de la Copa del Mundo, con cinco títulos, mientras que Japón, a pesar de participar regularmente desde 1998, nunca ha superado los octavos de final.
En el historial de enfrentamientos entre ambas selecciones hay 14 partidos: 11 victorias de Brasil, dos empates y solo una derrota —precisamente la del año pasado—, con 37 goles a favor y solo ocho en contra.
De esos 37 goles, nueve los marcó Neymar, quien, a sus 34 años, sigue siendo una de las principales figuras ofensivas de la selección y intentará ampliar esa cifra frente a Japón.
Pero subestimar a Japón sería un error.
La nación ha evolucionado mucho en las últimas décadas y hoy se ha consolidado como la principal potencia del fútbol asiático, además de ser una selección cada vez más competitiva en el panorama mundial.
En la fase de clasificación asiática, Japón fue el primer país en asegurarse una plaza en el Mundial, ya en marzo del año pasado, dominando la competición con autoridad. Brasil, por su parte, tuvo dificultades en la fase de clasificación sudamericana y no confirmó su clasificación hasta junio, terminando en quinto lugar, por detrás de Argentina, Ecuador, Colombia y Uruguay.
En el último Mundial, a pesar de sufrir una nueva eliminación en octavos de final, el equipo de Hajime Moriyasu logró victorias destacadas en la fase de grupos contra dos potencias europeas, España y Alemania.
Simplemente no se les puede subestimar.
Si analizamos la trayectoria de ambas selecciones en este Mundial hasta ahora, se aprecian algunas similitudes importantes.
Aunque Brasil ha sumado dos victorias y un empate, y Japón una victoria y dos empates, ninguno de los dos equipos ha perdido en la fase de grupos.
Ambos han marcado también siete goles en esos partidos, aunque Japón ha encajado tres, frente a solo uno de Brasil.
En cuanto al volumen ofensivo, Brasil ha realizado más disparos: 41 en total, con 19 a puerta (46 %). Japón ha realizado 29 disparos, 11 de ellos a puerta (38 %).
Sin embargo, el dato más alentador para los aficionados japoneses es la distribución de los goles. Los siete goles de Brasil los marcaron solo dos jugadores: Vinícius Júnior, del Real Madrid y cuatro veces nominado al premio Ballon d'Or, que marcó cuatro, y Matheus Cunha, del Manchester United, que marcó tres. Las asistencias se repartieron entre cuatro jugadores diferentes. Por su parte, los siete goles de Japón los marcaron cinco jugadores distintos: Ayase Ueda y Daichi Kamada, con dos cada uno, además de Daizen Maeda, Junya Ito y Keito Nakamura, con uno cada uno. Y cada uno de los siete goles contó con la asistencia de un jugador diferente. Esto sugiere un ataque más colectivo e impredecible, mientras que Brasil parece más dependiente de sus principales referentes ofensivos.
En otros aspectos, las cifras son bastante similares.
Ninguna de las selecciones ha tenido un dominio claro de la posesión del balón en el Mundial hasta ahora: Brasil tiene una media del 54 %, y Japón, del 51 %. La precisión en los pases también es alta para ambos, con un 89 % para los brasileños y un 86 % para los japoneses. En los duelos por el suelo, el equilibrio se mantiene: un 51 % de acierto para Brasil y un 48 % para Japón.
Sin embargo, se aprecia una diferencia notable en los duelos aéreos: Brasil gana el 69 %, mientras que Japón solo el 35 %.
Todo apunta a que será un partido muy igualado y tenso sobre el terreno de juego.
Pero fuera de él, quizá veamos algo que ya es tradicional en esta relación: respeto y amistad entre brasileños y japoneses, tanto dentro como fuera del fútbol.
Al fin y al cabo, la mayor población de descendientes de japoneses fuera de Japón vive en Brasil: son alrededor de 2,5 millones de personas, herencia de la inmigración japonesa que comenzó a llegar al país sudamericano a principios del siglo XX tras el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado en 1895.
Desde entonces, ambos países han forjado fuertes lazos, que se extendieron al fútbol en la década de 1990 con la llegada de Zico y la posterior afluencia de talentos brasileños al país. Varios jugadores nacidos en Brasil han llegado incluso a defender la selección japonesa, como Ruy Ramos, Marcus Túlio Tanaka, Wagner Lopes y Alessandro Santos.
Hoy en día, hay una estatua de Zico —que sigue trabajando como director técnico del Kashima Antlers— en el estadio del club. El seleccionador de Japón, Hajime Moriyasu, exjugador de la J. League, no puede ocultar la admiración que siente por el brasileño: "Nos llevó a poder competir en el Mundial. Aportó mucho a Japón". (CNN Brasil)
Zico, por su parte, también elogia mucho el trabajo de Moriyasu y lo reconoce como uno de los grandes entrenadores del fútbol actual. Sin embargo, cuando se le preguntó si su larga relación con Japón influiría en su decisión sobre a quién animar el lunes, no dejó lugar a dudas: "Voy a animar a Brasil, ¡soy brasileño, por Dios! Ahora bien, si gana Japón, pues qué le vamos a hacer. De lo que estoy seguro es de que va a ser un gran partido, porque la selección de Japón sabe jugar". (FIFA)